Sobre el origen de este Blog

Este blog es una idea experimental. No sé si tendrá éxito o no sino hasta dentro de un tiempo. Tengo otro blog que nació también de una idea parecida en 2008 (Mitos Latinoamérica) y tuvo una gran acogida pues para este momento acumula más de 900.000 visitas. Por eso hay esperanzas de que con este suceda algo semejante.

Hay semejanzas y diferencias entre los dos blogs. Ambos narran productos psíquicos. Pero a diferencia del primero, en el que yo lo alimento periódicamente con mitos de diferentes regiones de América Latina, en este blog son los lectores mismos los que lo alimentarán, al contar sus mitos personales que son los sueños. Esto último no es sólo un juego de palabras. Siempre ha existido una gran afinidad entre mitos y sueños. Se ha dicho que los mitos son los sueños de la humanidad... y que los sueños reflejan mitos personales.

Así que este blog vivirá de la caridad pública, de las “donaciones” ANÓNIMAS de sueños que hagan los visitantes. Aunque son aportes de gran riqueza, no representan un valor económico sino que su valor es simbólico. Este blog desea ofrecerse para llegar a constituirse en el cajero automático de un gran Banco de Sueños, en el que cualquier lector pueda consignar un sueño suyo que no comprenda y que le parezca especial para compartirlo con los demás.

Cada noche nuestra mente produce cantidades de sueños que en su enorme mayoría se olvidan y se pierden para siempre. Así que deseamos crear este espacio en el que la gente pueda compartir y clasificar este hermoso material.

Además el blog es una idea que hace parte de todo un nuevo movimiento contemporáneo que está en este momento surgiendo, fundamentado en la preocupación de ver cómo cada noche se olvida y se pierde tan rico material. Como evidencia de esta inquietud colectiva, publico en este mismo blog dos proyectos que apuntan al mismo propósito: la Cápsula del Tiempo de los Sueños y la Aplicación que busca construir una base mundial de sueños.

Mi deseo es convertirme en un recolector respetuoso de los sueños. En la entrada Clasificación de los sueños propongo unas categorías para que los soñantes clasifiquen sus donaciones. Dejaré el sueño intacto, tal como me lo envíen. Me ofrezco sólo a corregir la ortografía. Pido excusas por esta intervención ortográfica y trato de explicar por qué lo hago. Considero que aunque los sueños no tienen ortografía y que lo que hago es una violación a la intimidad de los soñantes, tengo una tara profesional de docente que me hace imposible publicar algo (o leerlo) con errores ortográficos.

Se me preguntará cuál es el objetivo de este blog. No lo sé aún, pero tengo la esperanza de que se irá aclarando con el tiempo. Lo que tengo claro es cuál no será su objetivo: no intentaré ningún tipo de interpretación, entre otros motivos porque para hacerlo se requieren las asociaciones de los soñantes, algo imposible en un espacio como este. Pero como soñante y como terapeuta que analiza sueños en mi consulta particular, tengo la convicción de que al igual que no podemos permitir que los mitos se olviden y se pierdan con el paso del tiempo, así mismo debemos evitar que los sueños individuales se sigan extraviando noche tras noche para siempre.

Mi aporte será publicar en la columna derecha una selección de artículos que hablen sobre los sueños.

Así que demos comienzo a las donaciones de sueños. Pueden donarlos:
1) ENVÍANDO SUS SUEÑOS AL CORREO juancalonsog@gmail.com, Y YO LOS TRANSCRIBIRÉ COMO ENTRADA AL BLOG.
2) ENTRAR AL FORMATO DE SUEÑOS Y ANOTARLOS AL FINAL DE LOS COMENTARIOS.
3) ESCRIBIRLOS AL FINAL DE LOS COMENTARIOS DE LA CLASIFICACIÓN DE LOS SUEÑOS.


Un saludo cordial,

Juan Carlos Alonso
Editor de este Blog





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lunes, 21 de marzo de 2016

Un papel doblado que desaparece

País: España

Sexo: Femenino

Sueño:

Compartía una sala de estar con J, un médico joven con el que me relaciono profesionalmente. J y yo nos miramos y reconocimos de inmediato que estábamos profundamente enamorados. Como J tiene una familia yo no quería iniciar nada con él mientras fuera ésa su situación pero nos masturbamos mutuamente. Aparece la mujer de J y da su beneplácito a la relación. En ese momento me doy cuenta de que estoy soñando y de que en breve voy a despertar así que rápidamente escribo en un papel tres puntos de acuerdo y J. escribe el cuarto y lo coloco doblado en la librería de mi sala de estar haciéndome especial hincapié a mí misma de que cuando me despierte debo ir a buscarlo.

Comentario adicional:

Mi pena fue cuando al despertar corrí hacia la librería convencida de ir a encontrar lo que me había escrito y no hallar nada ni tener la más remota idea de lo que habíamos escrito. De ese sueño no recuerdo las circunstancias en las que se produjo.

Los pavos reales

País: España

Sexo: Femenino

Sueño:

Estaba en un edificio público de altos techos justo al lado de unos tornos en la entrada. En ella estaba de pie M, que es una compañera mía de trabajo. De repente entran dos pequeños pájaros volando alto que cruzan por debajo del alto techo y se pierden de mi vista. Estoy ahora en el vestuario donde me pongo el uniforme de trabajo, las taquillas dejan muy poco espacio para caminar entre ellas. Aparece un pavo real de color totalmente azul celeste caminando pesadamente, tras él otro pavo real más pequeño también de color celeste. Pasan por los estrechos pasillos caminando y desaparecen.

Comentario adicional:

Me llamó mucho la atención el color azul de los pavos porque era el único color que recuerdo del sueño. La tarde anterior había tenido una profunda conversación intelectual con un amigo que me dejó posteriormente una incómoda sensación de haber caído en una actitud vanidosa en mis argumentos. Lo cierto es que en cuanto me desperté y recordé el sueño lo relacioné rápidamente con el sentimiento de vanidad.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Sobre la metodología de la interpretación de los sueños

Por Hans Dieckmann, Capítulo traducido y tomado de la obra "Methods in Analytical Psychology", Chiron Publications, Wilmette, Illinois, 199, pp. 109-122.

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A comienzos de siglo, Freud y Jung hicieron sus sensacionales descubrimientos en lo concerniente a los contenidos del sueño y la fantasía y formularon sus conceptualizaciones de los caminos para hacer los contenidos oníricos comprensibles para la conciencia. Es remarcable que no haya habido ningún avance nuevo esencial ya sea en el psicoanálisis o en la psicología analítica en lo que concierne a la comprensión de los sueños desde entonces. Este avance ha venido de un campo diferente, el de la psicología experimental y la investigación del sueño. Al monitorear el movimiento rápido del ojo, Kleitmann (1963) tuvo éxito al establecer una relación entre las varias fases del sueño. A pesar de que podemos diferenciar cinco fases distintas del sueño con la ayuda del EEG, básicamente solo dos de ellas son de interés para nuestros propósitos: fases no REM y fases REM. La última parte del sueño revela una figura mezclada de ondas EEG de tipo alfa y beta y es caracterizada por el hecho que la mayoría de los sueños ocurre en esta etapa. Sabemos que los sueños aislados ocurren en otras etapas del sueño, pero la actividad onírica es más intensa durante la fase REM. En general podemos asumir que el adulto experimenta tres o cuatro fases REM cada noche y consiguientemente tiene un número correspondiente de sueños que pueden ser recordados. En el curso de la vida humana encontramos una fase REM elevada durante el período intrauterino tardío. A la edad de cuatro años alcanza el 30 por ciento de nuestro tiempo  de sueño, a la edad de veinte cae al 25 por ciento y en la edad anciana (esto es, a los ochenta años) cae al 20 por ciento. Esto significa que nosotros gastamos alrededor de un cuarto de nuestro tiempo dormidos soñando (Rossard 1976). También sabemos que estas fases son de una significación psicológica y fisiológica especial para el funcionamiento saludable de nuestra vida psicofísica. Los estudios de la interfase psicofísica en el sueño todavía tienen un largo camino recorrer y mucho a clarificar, pero podemos decir que la privación total del sueño REM hace aparecer disturbios psicológicos severos parecidos a los estados psicóticos. Por otro lado, la reducción experimental del sueño REM en los pacientes depresivos puede resultar en una mejoría en su depresión. La investigación experimental confirma la concepción hipotética de Jung que el “monólogo” del inconsciente en nuestra psiquis continua ininterrumpido durante el sueño y que los sueños tienen una función psicofísica esencial. De aquí que sea más asombroso cuan pequeño valor la persona promedio le otorga a esta segunda vida a pesar del trabajo profundo de la psicología desde la ilustración hasta hoy día. Es asombroso cuan rápida y descuidadamente la persona promedio abandona los sueños en el olvido a pesar que en ellos él o ella tienen las experiencias más interesantes y excitantes que son presentadas con cualidades sensuales y sensorias completas y tienen lugar como una realidad objetiva en el sentido que Jung le a da este término (Jung, “Sobre la Energía Psíquica”, C.W. 8). Más bien, parece como si el interés en el sueño que apareció nuevamente a comienzos de siglo y mantuvo el interés entre expertos y analistas que trabajaron con el inconsciente está desapareciendo aun entre ellos, y que muchos analistas trabajan ahora con sueños solo un poco. Hasta cierto grado, el interés creciente en las dinámicas grupales y en el tratamiento focalizado de conflictos corrientes, en problemas sociológicos, y en los fenómenos de la transferencia y contratransferencia han de nuevo empujado el trabajo con el sueño y con sus contenidos hacia un plano secundario. Quizás esto se deriva de una insatisfacción general con los métodos de interpretación onírica disponibles y de la pregunta hecha una y otra vez por los críticos concerniente a cuáles son los resultados que nuestros métodos interpretativos señalan como válidos y que puedan ser probados y confirmados. A la luz de esas consideraciones, puede ser importante primero reflexionar sobre los enfoques de la interpretación onírica o las formas en las cuales la gente ha manejado los sueños en el curso de la historia humana.

Podemos distinguir tres enfoques fundamentales. Primero, como es costumbre entre muchos pueblos primales o “culturas primitivas”, el sueño es incluido como parte de la realidad externa, y, como sospechamos que ocurre con los niños, no se hace una clara distinción entre la fantasía inconsciente y la realidad. Esto puede ir tan lejos que una persona es considerada responsable por lo que hace en sus propios sueños, y también por lo que hace en los sueños de los otros. Levy-Bruhl (1959) cita una serie entera de informes de esta clase que nos parecen inconcebibles. Por la mayor parte, ellos vienen de Nueva Guinea, Borneo, y de las Lenguas del Gran Tschako donde es bastante corriente que una persona sea castigada por la infidelidad cometida en el sueño o debe realizar la restitución de los bienes robados en un sueño u otro. Sachtelen señala:

Un hombre llegó a mi aldea. Él venía de un lugar situado a 180 millas. Me exigía que yo lo compensara por las calabazas que había recientemente robado de su jardín. Asombrado, le dijo que no había estado cerca de su jardín por mucho tiempo, y que no podía haberle robado las calabazas. Al principio pensé que era una broma, pero pronto me convencí que el hombre actuaba seriamente. Para un indio acusarme de robo era una experiencia totalmente nueva. Para complicar las cosas él admitió abiertamente que yo no había tomado las calabazas. Cuando él dijo eso, comprendí menos que antes. Me hubiera enojado si no lo hubiera visto tan convencido y entonces, por el contrario, me invadió un vivo interés en el asunto. Finalmente lo descubrí: él había soñado que yo había estado en su jardín una noche y que él –escondido detrás de plantas muy grandes– había visto como yo recogía tres grandes calabazas y me las había llevado. Él quería que yo se las pagara. Entonces yo le dije, “Pero tú has recién admitido que yo no las llevé”. De nuevo él estuvo de acuerdo, pero repentinamente agregó: “Si tú hubieras estado allí, tú las hubieras llevado”. De esta forma el revelaba que él consideraba el acto de mi alma (que él había sospechado que había estado en su jardín) como un acto que yo había querido voluntariamente y que yo realmente lo hubiera cometido si hubiera estado personalmente (Levy-Bruhl, 1959, p. 8 ).

En otro caso Roth informa que “En Muke (Borneo) yo conocí a Janela. Como razón de su venida él dijo que una pena había sido impuesta sobre su hija en Luai porque su esposo había soñado que ella le había sido infiel. Janiela había traído a su hija con él” (Ibid, p. 94).
        
Levy-Bruhl cita un gran número de informes similares que nos parecen incomprensibles. Robos, infidelidades, aun asesinatos, son  adscriptos a otra persona que los ha cometido en el sueño del soñador. Para la gente en estas culturas, es realmente el alma de la otra persona que aparece en los sueños de uno y comete tales actos por los cuales uno muy naturalmente demanda que el otro asuma la responsabilidad en la vida despierta. El alma de una persona es tan real como la persona de carne y hueso y como sus actos en la vida despierta. Nosotros nos vemos forzados a preguntar cómo estas clases de culturas han sido capaces de existir si realmente procedemos de la idea que son meramente las imágenes suprimidas de los deseos e impulsos de una persona los que aparecen en los sueños. O es quizás que, en nuestra propia cultura que tanto enfatiza la racionalidad y con nuestra actitud despreciativa hacia el inconsciente, somos tan destructivos a nuestra propia naturaleza interior que nosotros nos exterminaríamos a nosotros mismos a corto plazo si nos consideráramos responsables de lo que hacemos en los sueños de los otros? Obviamente hay culturas que son por lejos menos destructivas de lo que somos nosotros y que pueden funcionar dentro de este punto de vista.

El segundo enfoque es que el sueño es un mensaje enviado por los dioses y sirve primariamente como un oráculo, esto es, tiene aspectos mánticos (adivinatorios). Este de punto de vista disfrutó de popularidad en la antigüedad y fue gradualmente abandonado solo en los tiempos modernos bajo la influencia del Renacimiento y el avance de las ciencias naturales. En el enfoque mántico de los sueños, ya encontramos la idea de que los sueños son codificados y que una decodificación debe tener lugar. En una gran medida el simbolismo del sueño era comprendido colectivamente y los antiguos intérpretes del sueño compilaron lexicones del sueño sobre la base de interpretaciones simbólicas colectivas. De estas, la primera que nos es conocida es la de Antífona de Atenas del siglo quinto. El libro de sueños mejor conocido de este período es el de Artemidoro de Daldis; su libro refleja una muy considerable comprensión de la psiquis humana, aun desde el punto de vista de nuestro conocimiento corriente, todavía tomando en cuenta las condiciones bajo las cuales el sueño era soñado y la persona del soñador.

Tercero y último, en la interpretación moderna de los sueños el aspecto individual aparece en el primer plano. Todo sueño y todo motivo de sueño o símbolo de sueño está relacionado a los recuerdos del individuo, la vida y la historia familiar, y la situación consciente independiente de os rasgos colectivos, los cuales por supuesto, también deben ser considerados. Aquí el mismo motivo del sueño puede tener una significación completamente diferente para un paciente que para el otro. En este modo de interpretación onírica, la gama de los posibles significados dependientes del mundo personal, experiencial del soñador es demasiado grande para ser capturada de cualquier forma en un diccionario; de esta forma, las enciclopedias de símbolos o de sueños ahora solo existen en las revistas o en la literatura lega.

En contraste con lo que es habitualmente mantenido, el complejo del ego lleva un grado considerablemente mayor de constancia y estabilidad y de ninguna forma tiene la tendencia de disolverse y disociarse en el sueño. Más bien, el complejo del ego tiene que ver con preservar sus funciones en el ego-sueño. Esto no excluye la presencia de muy distintas tendencias hacia soltar la estructura del ego, y el sueño está muy adecuadamente ubicado para mediar cualidades suprimidas o experienciales nuevas para el complejo del ego. 

En un trabajo anterior (Dieckmann 1965), yo he descrito estos procesos integrativos en el ego-sueño junto con los cambios en la manera en la cual el ego-sueño experimenta y se comporta en el trabajo analítico. En ese estudio yo llegué a la conclusión que la mayoría de los procesos de cambio en el trabajo analítico tenían lugar primer a través del ego sueño a través del cual ellos caían más fácilmente en el dominio de los cambios conscientes. Como regla nosotros nuevamente no encontramos confirmación para la teoría de completar el deseo ni para la teoría de la compensación en las cualidades de la experiencia y comportamiento del ego-sueño; más bien el ego-sueño, intenta mantener la continuidad del complejo del ego en el sueño. Una niña de catorce años soñó que, mientras subía una escalera en un hogar de niños, otro niño la agarraba y que ella se ponía a pelear en una pelea terrible con el otro niño. En realidad esta niña experimentó momentos de agresión salvaje en cuanto alguien la tocaba. Un paciente que continuamente escapa a sus propios problemas inicialmente no será un héroe que enfrenta a su oponente sino que se escapará en el sueño también. En una serie onírica que yo discutí en el artículo mencionado arriba, una paciente mujer con inhibiciones morales severas que inicialmente soñó estar en tiendas vacías donde ella no podía comprar nada o conseguir nada debido a que otras personas la empujaban hacia adelante. Solo n el curso de un extendido trabajo analítico ella finalmente llegó al punto que podía soñar en comprar y conseguir lo que ella quería en la tienda. Un cambio correspondiente en el comportamiento en su vida despierta apareció prontamente después de tener este sueño. De la misma forma, el hombre sexualmente inhibido, tirado en su cama cerca de su mujer de muchos años a la que no ama, en realidad no sueña con orgías con otras chicas. Más bien, él necesita análisis extensivo y un aflojamiento emocional correspondiente antes que los sueños aparezcan en los que él pueda experimentar sexualidad con otras mujeres. De aquí que como regla esto indique que un problema se vuelve consciente solo cuando el ego-sueño lo afronta y lo integra. 

Ahora me parece que la continuidad del complejo del ego que se mantiene tanto en la vida despierta como en el sueño ofrece una ventaja muy grande metodológicamente. En este nivel está la posibilidad de dirigirse al paciente inicialmente en términos de los más claros y evidentes paralelismos entre sus modos habituales de experimentar y reaccionar. Establecer similaridades y paralelos lleva, por un lado, a que el paciente descubra algunas cualidades familiares, y que es mucho más difícil y mucho más laborioso establecer una relación con algo completamente desconocido e incomprensible. Más aun, el sentimiento ego con el cual el sueño-ego está también muy claramente catexizado facilita este proceso. Por otro lado, las experiencias extrañas, inusuales y remarcables, los motivos y los símbolos hacen que los procesos de liberación que nosotros deseamos en el análisis puedan comenzar a admitir la confrontación con el material psíquico reprimido o suprimido, o ellos permiten al ego manejar e integrar las nuevas adquisiciones necesarias en su situación actual. Desde este punto de vista, la regla de Jung del pulgar, que nosotros debíamos trabajar en el nivel objetivo de interpretación antes de tomar el subjetivo (“El uso práctico del análisis de sueños”, C.W.16) una vez más revela otro valor y significación que aquella de meramente llegar a un acuerdo con otros significantes. Si inicialmente consideramos las figuras (excepto el sueño-ego) y los símbolos que aparecen en el sueño como objetos, y si nos concentramos en el sueño-ego y enfatizamos la continuidad del complejo del ego al comienzo de la terapia analítica, entonces le damos al paciente un grado mayor de seguridad con el cual moverse en este mundo interior que hasta ahora ha sido tan desconocido e incomprensible. Esto es muy importante ya que, como sabemos, prácticamente cada paciente que nos consulta sufre de alguna debilidad del ego, y el proceso analítico siempre tiende simultáneamente al refuerzo y a la estabilización del ego, y a estar abierto y a la posibilidad de confrontar material inconsciente. Precisamente la falta de estabilidad del ego es la razón por la cual nosotros rara vez alcanzamos la colaboración genuina del paciente al trabajar sobre material inconsciente y sobre sueños justo al comienzo de la terapia analítica. Como norma, primero nos enfrenamos a muy distintos mecanismos de defensa y formaciones con las que tenemos que lidiar una y otra vez en el curso de la terapia.

Me gustaría mencionar las más frecuentes y más comunes formas en las cuales aparecen estas defensas. Para este propósito usaré el modelo tipológico, ya que en mi opinión abarca más cabalmente las funciones del ego y consiguientemente las defensas. Más aún lo usaré para mostrar como la continuidad de estas mismas funciones del ego son mantenidas en el mundo real. Aquí me estoy refiriendo a la forma en la cual el complejo ego-consciente se maneja con el material de sueños. A la fecha no existe una diagnosis tipológica basada exclusivamente en el contenido de los sueños. En mi discusión procederé inicial y principalmente de los tipos de actitudes (introversión y extraversión) pero en conclusión comentaré brevemente sobre los tipos de función.

En mi experiencia los sueños de los introvertidos y su actitud hacia los sueños pueden tomar dos formas características. Una forma es habitualmente descrita diciendo que el introvertido vive más en un mundo de sueños que en la realidad. Ellos se mueven en la realidad como si fuera un sistema cerrado. Tales pacientes por lo general traen una cantidad de sueños a comienzos de la terapia y se mueven en ellos como si estuvieran en casa. Si los amplifican o se asocian a ellos, lo hacen en una forma muy rica, pero cualquier asociación tiene poca conexión con la realidad externa. Es característica de los introvertidos que un sueño les recuerde otro, y así sucesivamente. En casos extremos parece que estuvieran envueltos en sueños como si estuvieran en un capullo y se pueden mover dentro de él en forma muy vivaz y colorida. El paciente y el analista pueden a menudo ser devorados en una abundancia de amplificaciones inspiradoras – pero nada cambia, y parece como si la vida no hubiera existido fuera de los sueños. Si esta forma de defensa es pronunciadamente evidente, las intervenciones del analista para lograr asociaciones objetivas son inútiles. Consiguientemente con estos pacientes dejo correr el proceso por un período de tiempo hasta que esté más claro para ambos. Luego lo interpreto directamente para discutir con el paciente el grado en el cual persiste de introversión regresiva en la vida real, la magnitud de lagunas perceptuales enfrentadas al medio ambiente y el grado en el cual los síntomas de enfermedad pueden tener que ver con este problema.

La segunda forma de defensa introvertida es una en la cual los sueños y las fantasías no tienen relación con el complejo del ego y las últimas están aisladas. Estos pacientes tienen fantasías, quizás en exceso, que pueden llevar a disturbios en su capacidad de trabajar, pero ellos realmente no saben que están teniendo esa clase de fantasías. Ellos parecen estar distantes o ausentes, y si uno les menciona que ellos estuvieron fantaseando, ellos vuelven a la realidad y a menudo deben ejercer mucho esfuerzo para recordad que ellos estuvieron teniendo fantasías, de las cuales, como norma, solo capturan remanentes. La situación es similar en lo que concierne a los sueños de estos pacientes. A menudo dicen que tuvieron muchos sueños, pero que no se acuerdan de nada. Y cuando uno les pregunta por detalles aparecen algunas pequeñas puntitas. Sin embargo los pacientes piensan que esas puntitas son intrascendentes en el contexto de sus sueños, que ellos no pueden recordar. Es enteramente posible que uno no obtenga sueños de estos pacientes por un período extenso de tiempo. Si es así, la primera tarea de la terapia analítica es clarificar como ellos han perdido contacto con la realidad con sus fantasías. Es típico de estos pacientes que su defensa contra las fantasías no coincide con un acto simultáneo de discriminación: más bien, ellos valoran los sueños y las fantasías, y como cualquier introvertido están convencidos que, a pesar de toda su buena voluntad, no pueden retenerlos.

El tipo de actitud extrovertida puede también reaccionar a un disturbio en su relación con el inconsciente con ambos mecanismos descritos, esto es, ser inundado con sueños o bloqueándolos. Sin embargo, para el extrovertido estas defensas tienen una diferente cualidad. Uno encuentra el flujo de sueños más a menudo en pacientes que tienen fuertes componentes histéricos en su estructura psíquica, justo como Jung inicialmente describió la extroversión en casos de histeria severa (C.W.6). En el caso extremo el paciente puede llenar horas enteras con episodios de sueños muy coloridos pero fragmentados, o traer varias páginas de sueños registrados desde la sesión anterior. Pero estos sueños están como un cuerpo extraño al lado del complejo del ego  que es ocupado con cosas enteramente distintas y no puede hacer nada con los sueños. Esta plenitud de sueños es una defensa ya que llenan la hora analítica y no dan tiempo a enfrentar los problemas Por ejemplo, a comienzos de un tratamiento una paciente me relató tanto material de sueños que llenamos las primeras quince sesiones con él. Ella se dio cuenta del carácter de esta defensa solo cuando se lo señalé; entonces los sueños disminuyeron a una cantidad manejable. 

El bloqueo entre el complejo del ego y el sueño aparece distinto en el extrovertido que en el introvertido. El extrovertido no se acuerda de sueños, pero está claro que no se pierde en un mundo de fantasía que corre al lado del mundo consciente. Los extrovertidos no dan la misma impresión que los introvertidos cuya alma ha volado como un pájaro extraño, por pedir prestada una imagen del mundo de los pueblos primitivos. Más bien ellos están simplemente orientados exclusivamente hacia el objeto externo. Para estos pacientes las fantasías o sueños son un sin sentido como lo eran para os grandes grupos de racionalistas del siglo pasado. Ya que su energía psíquica están tan exclusivamente orientada hacia el objeto externo que ellos no están en posición de prestar atención a sus sueños o recordarlos. Una gran proporción de los pacientes que dicen en la sesión analítica “Yo soñé algo pero lo olvida inmediatamente”, pertenecen a este tipo. Durante la primera fase de su tratamiento, un paciente que he descrito en detalle en otro lado (Dieckmann 1962) trajo solo sueños de una oración, por ejemplo, “Nadando con muchas mujeres en el agua”. Solo tomando consistentemente los motivos contenidos en los sueños y analizando su resistencia fuimos capaces de levantar la barrera para sus sueños, y en el posterior curso del análisis, este paciente, que era bastante simple y con poca educación, trajo sueños de lo más impresionantes hasta que sus síntomas disminuyeron, y sus modos de comportamiento y experiencia cambiaron, y él se sintió mejor. Entonces el paró de soñar, o paró de observar sus sueños. 

Está bastante claro que las formas de disturbios, en relación al inconsciente, que los tipos de actitud descritas aquí tienen clara correspondencia con los disturbios narcisistas descritos por Kohut (1971). Esto es obvio ya que el tipo de actitud está siempre basado en la relación sujeto-objeto y todo disturbio profundo de esa relación sujeto-objeto y todo disturbio profundo de esa relación ce dentro del dominio del narcisismo. (La falta de colaboración entre las escuelas analíticas es particularmente lamentable, considerando los muchos paralelismos entre el ideal en la psicología analítica y las concepciones de freudianos modernos como Hartmann, Kohut y otros). Está también claro que nosotros estamos trabajando aquí con una inflación o alienación parcial en el sentido de Edinger (1972), y que el corazón del disturbio descansa consiguientemente, en el domino del eje ego-self (Neumann 1954). Esto también explica que estos disturbios entre el complejo del ego, por un lado, y el recordar, comprender y metabolizar los sueños, por el otro, no son de ninguna manera simples y fáciles de tratar, sino que en casos severos a menudo continúan a través del análisis entero. El analista que pierde la paciencia e intenta corregir la situación con “directivas de conducta” cosecha una mala ubicación de síntomas o la terminación del análisis. 

Metodológicamente todos estos disturbios deben, por supuesto, ser tratados diferentemente. Como es habitual en el análisis, no hay un “know how” general. Más aun estas varias formas de disturbio en relación con e inconsciente también tienen sus propias raíces individuales en cada caso. A pesar de que desde nuestra óptica junguiana, el análisis no debe ser perseguido puramente hacia atrás en la niñez, el marco general de la niñez debe ser conocido. El analista debe estar consciente porque precisamente esta forma de defensa contra el inconsciente ha aparecido en cada fase y como resultó ser que esta era la única defensa útil de la psiquis. Este enfoque dentro del significado de la resistencia permite entonces que el analista tolere por el momento el aquí y ahora y evite exponer un ego todavía débil e inestable que no ha sido suficientemente capaz de desarrollar sus funciones a las influencias del inconsciente. Esta en completa conformidad con la discusión de Jung en “Psicología de la Transferencia” (C:W: 16) que un significado de la resistencia descansa en proteger las funciones ego dañadas y por lo tanto esa resistencia debe ser respetada. No sin buena razón es el método Reichiano de análisis persistente de la resistencia casi nunca mencionado en la literatura analítica contemporánea.

En lo que concierne a los tipos de función, podemos señalar que cada uno también reacciona en forma específica y característica al fenómeno del sueño. El espacio no permite una discusión detallada de las características de los tipos específicos de los sueños y del enfoque que tiene el complejo del ego al sueño cuando las tipologías específicas son dominantes. Consiguientemente me limitaré a describir las características típicas y predominantes de cada tipo de función.

Aparece el hecho que el tipo de pensamiento –como el tipo de sensación- está irritado y molesto por la estructura “irracional e ilógica” de los sueños, el o ella es único en excluir las emociones. Como una regla el tipo de pensamiento da una descripción de la trama en la cual elementos poco claros o irracionales que no caben son excluidos. El analista descubre elementos, y como los sentimientos que los acompañan, sólo cuando se pregunta por ellos en el transcurso de la hora.

De la misma manera los tipos sensación a menudo omiten elementos poco claros o elementos irracionales de sueño que no caben dentro del contexto del sueño. Por contraste, sus descripciones de sueños son distinguidas por relatos extensivos y diferenciados de impresiones de sentimiento y sensoriales. Como un ejemplo extremo, yo tuve una paciente mujer cuya descripción de su encuentro con otra persona en un sueño llevó más de dos páginas y se perdía dentro de los varios detallados matices de significado una y otra vez.

Por otro lado, la fascinación de los intuitivos con lo inusual o lo indefinido resalta. Sin tener en cuenta si ellos tienen sueños más imaginativos o más mundanos, ellos son impresionados por que aparece como nuevo, desconocido o inusual; la dificultad aquí descansa en trabajar estos elementos con ellos. Es cierto que algo enteramente nuevo aparecerá en el siguiente sueño, y si aparece que no es algo nuevo después de todo sino el mismo problema en símbolos diferentes, ellos usualmente responden retirando su interés. En contraste a los tipos más racionales, uno rara vez oye algo de estos pacientes, al menos en las fases tempranas de tratamiento, la queja es que el proceso analítico procede demasiado a saltos y a rebotes, que demasiados temas diversos aparecen sueños, y que ningún problema es adecuadamente soñado o trabajado hasta el final. 

Correspondiendo a su tipología, los tipos sensación presentan el material factual de sus sueños. Sobre la base de mis observaciones, el sensación extrovertido típicamente relaciona sueños en los cuales los acontecimientos externos del día son repetidos, enteramente tan realísticamente como tuvieron lugar. El analista puede hacer algo con este material solo si él o ella puede movilizar el tipo sensación para reflejar porque el inconsciente sacó precisamente este acontecimiento y no otro; aquí los problemas subyacentes están usualmente muy camuflados. Cuanto más introvertido sea un paciente, lo más mágico o mitológico puede convertirse los sueños; aquí, también el valor es colocado en la descripción detallada de objetos, personas o símbolos. Así el analista puede encontrar relatado muy precisamente por parte del paciente cuál vestimenta, por ejemplo, una cierta persona, como puede ser un mago, estaba usando en el sueño pero no obtenemos casi ni una palabra sobre el efecto de esta figura sobre el ego del soñante.

Todas estas caracterizaciones son verdaderas en forma “pura” solo en casos extremos. Como en la vida despierta, todas las cuatro funciones toman parte en cada experiencia de sueño, y las funciones auxiliares en particular participan en describir el sueño en el marco analítico. La imagen tipológica aparece solo en una cierta ubicación del énfasis y es especialmente distinta solo en la medida que otras funciones no hayan comenzado a desarrollarse junto con la función principal en el proceso analítico. 

Como ya fue discutido más arriba, el complejo del ego debe ser obviamente considerado como uno de los puntos más estables del sueño. Esto es también necesario ya que un tipo distinto de experiencia debe ser registrado y trabajado. En la medida en que algo sea experimentado, el transportador de la experiencia debe ser el mismo ego (E, Kubac, citado en Siebenthal 1953) también no ve cambio en la unidad del ego del despertar al dormir sino más bien en la relación con el ego; la unidad de la personalidad, o como Siebenthal la describe “uno y el mismo ego idéntico se experimenta a sí mismo a través de la relación con otros hechos psíquicos, pero debido al aflojamiento de las relaciones (disociación, aflojamiento) en el sueño simplemente experimenta las cosas de diferente manera (1953, p. 290). Ahora dentro del proceso analítico un aflojamiento directo de las estructuras ego tiene lugar bajo la protección de la constelación de la transferencia y la contratransferencia. El complejo del ego puede rechazar mecanismos de defensa y más ampliamente desarrollar solo aquellas funciones dañadas y constreñidas en la neurosis, puede superar estructuras de control y organizacionales, y puede rendir límites del ego y admitir nuevos contenidos experienciales. Esto corresponde al desarrollo paralelo de la consciencia egoica y de la consciencia en el sueño, y a la observación de que la consciencia y el ego están íntimamente unidos (de Sanctis 1896, citado en Siebenthal 1953, p. 289).

Consiguientemente esto crea, en mi opinión, una demanda metodológica para que un mayor énfasis se coloque en el ego soñante cuando se interprete y se trabaje a través de sueños y que el ego soñante sea colocado en el centro del proceso de desarrollo y maduración de la individuación. Lo que el ego no puede hacer en el sueño, no puede hacerlo en la vida despierta, y en la medida en que debe volar frente a ciertos contenidos experienciales en el sueño, el paciente se sentirá sobreimpuesto si uno demanda que estas experiencias sean integradas. Una paciente mujer con disturbios severos en el área de la relación heterosexual soñó durante el primer período de su análisis casi exclusivamente de hombres que la habían perseguido y violado y contra los cuales ella estaba indefensa. Esto correspondió a la intrusión inicial del uroboros patriarcal dentro de la unión dual de madre e hija (Neumann 1953b). Solo en la medida en que aparecían sueños en los cuales estas figuras masculinas se volvían menos brutales, en los que había figuras que ella se atrevió a entrar en relaciones con hombres en su vida despierta. Hasta este punto ella había erigido un muro de defensa contra todo hombre, un muro que no podía ser roto.

Lo mismo es valedero para la integración de contenidos de sentimiento. Un hombre de negocios de cuarenta años, quien llevaba la vida de un gerente muy ocupado soñaba: “Estoy en la casa de Liv Ulmann (Escenas de la vida conyugal). Tengo una relación muy afectiva, tierna con ella. Me lleva a su dormitorio. Le pregunto dónde está su marido (en el sueño, él es Hans Albers). Ella dice que está en camino y que está enojada porque él no fue capaz de comprar un tiquete para el teatro. Usualmente él se emborracha cuando ocurre esto. Yo estaba preocupado que él pudiera volver. La persuadí de irse y buscar un lugar más tranquilo”. La mujer de sus sueños iniciales siempre había sido solo sexualmente seductora, figuras anónimas con las cuales él saltaba inmediatamente sobre la cama sin mucho para hacer. En ese sueño, el encuentra una figura del anima por primera vez que representa confrontación interior e individuación para él. Por contraste su sombra con la que él ha sido muy inflado, el actor impulsivo y primitivamente sentimental Hans Albers (Hopla, Da Komm Ich) ha sido separado de este ego soñante y él busca evitarlo. El sueño también puede posponer un impulso sexual en el sueño en una decisión ego-sintónica, lo que es un logro completamente nuevo para él, y buscar un lugar más tranquilo. Siguiendo este sueño, él comenzó a ser abordable en términos de relativizar su paso apurado y desarrollar más sentimientos, inicialmente en oasis aislados.

La observación de una serie de sueños es, por supuesto, la precondición para trabajar metodológicamente a través de estas suertes de cambio en el complejo del ego. En un análisis con un analista muy ocupado, esto no es tan simple. Sería exigir demasiado preguntarle a un analista que recuerde todos los sueños del paciente. Pero hay ciertas señales que le dicen al analistas de no descuidar aquellos sueños que indican cambios claros en los modos de comportamiento y experiencia del ego-soñante. Por un lado, el soñador a menudo lo nota y experimenta esta suerte de sueños como teniendo una significación diferente, como importante, persistente, etc., aun si no se maneja directamente con material arquetípico. Segundo, los analistas deberían entrenarse a sí mismos para prestar atención a estos procesos. Con la suficiente atención uno se lleva una impresión de los diseños típicos del ego soñante bastante rápido, justo como lo que hacemos para el ego consciente, y los cambios en estos diseños, aun en un pequeño grado, comienzan a ser avizorados. Metodológicamente también ayuda enfatizar estos pasajes llevando la atención del paciente a ellos, preguntando directamente si él o ella nunca antes han soñado de esta manera. Más aun, si el analista no toma notas en la hora analítica, él o ella deberían al menos anotar los sueños de forma que estos cambios puedan ser chequeados.

Mi tarea realmente es la de comentar brevemente el problema de la interpretación a nivel subjetivo que aparentemente es descuidado en esta suerte de procedimiento. En años recientes la terapia Gestalt (Pearls 1974) ha tomado el trabajo a nivel subjetivo con intensidad particular. Los pacientes son desafiados a entrar dentro de la experiencia de otras figuras que aparecen en el sueño, por ejemplo otros significantes o aun animales, y al hacerlo tan a menudo tienen buen éxito al ganar otras posibilidades para comprender y experimentar. A menudo el paciente es muy impresionado por esto, pero también debe ser mencionado que muchos junguianos lo estaban haciendo mucho antes del advenimiento de la terapia Gestalt. En mi experiencia con pacientes que han hecho la terapia Gestalt antes o durante el análisis, el efecto producido es, sin embargo, sólo transitorio. Particularmente cuando las neurosis son importantes, el ego rápidamente recupera sus viejos límites y el método no lo exime a uno de tener que trabajar a través del significado del simbolismo onírico a todos los niveles.

Por otro lado, el énfasis en el nivel subjetivo de interpretación en el proceso terapéutico siempre me parece de significación cuando es una cuestión de las fases de reconexión con el Self y el establecimiento de la totalidad original en el sentido de los “ciclos de vida psíquica” de Edinger 81972). Esto trae un reforzamiento de las funciones ego que hacen posible abandonar sistemas defensivos, rendirse, hacer los límites de uno permeables, y experimentar la conexión del uno con el Self. En mi opinión, metodológicamente esto agrega una faceta adicional a la interpretación de nivel subjetivo y a la imaginación activa de contenidos oníricos en contraste con la vieja regla de que al nivel subjetivo uno solo debe acercarse cuando la interpretación del nivel objetivo ha sido finalizada.

miércoles, 21 de octubre de 2015

El análisis Junguiano de los sueños en psicoterapia – J. C. Alonso

Por Juan Carlos Alonso - Tomado de ADEPAC - 24 Octubre 2014

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El tema de los sueños ha tenido siempre para mí un interés teórico y práctico en mi trayectoria profesional y existencial: desde lo teórico, he revisado en profundidad su abordaje dentro de la teoría junguiana; desde lo práctico, he analizado mis propios sueños por más de 15 años, comprobando los beneficios de hacerlo, y adicionalmente, en mi consulta privada he hecho uso de la interpretación de sueños con mis pacientes por muchos años, corroborando también su gran utilidad en sus procesos de desarrollo.
Los sueños son un material fascinante y misterioso de muy difícil teorización. De ahí la dificultad de escribir sobre este tema, porque a pesar de su innegable utilidad terapéutica, es muy complicado dar ejemplos de interpretaciones y formular generalizaciones. Además, como cada sueño es una instantánea psíquica del soñante, que figuradamente puede verse como un teatro en el que actúan sus complejos, la interpretación de un sueño específico tendría que estar acompañada de gran cantidad de información sobre las asociaciones del/la soñante, así como de la problemática que esté atravesando. Por eso, los sueños que incluyo en el texto se presentan como ejemplo de un tema determinado pero sin hacer un mayor análisis de ellos.
Comenzaré el documento por comentar sobre la importancia de los sueños en la psicoterapia junguiana y sus diferencias con el enfoque freudiano. Menciono algunas situaciones especiales interesantes de resaltar, como en qué casos interpretar, qué nos dicen los sueños recurrentes, y la utilidad de los sueños iniciales. Posteriormente, comentaré algunos de los aspectos teórico-prácticos de las etapas del proceso de análisis de sueños: asociaciones personales, paralelos arquetípicos, principio de compensación, enfoques subjetivo y objetivo, interpretaciones reductivas y constructivas, formulación de hipótesis interpretativas, y verificación de ellas. Para mostrar tales aspectos en la praxis, ofrezco, como mencioné, ejemplos de sueños reales en algunos de estos temas.

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La teoría junguiana del análisis de los sueños se originó en la escuela freudiana, por lo que inicio el tema con una comparación entre las dos formas de interpretación onírica. En una primera fase de su vida profesional, Carl G. Jung aceptó buena parte de los planteamientos de Freud sobre los sueños, pero luego de su ruptura con él, en 1913, planteó claramente sus diferencias en este campo. Algunas de las discrepancias más significativas son: su rechazo a la idea de que el sueño fuera un disfraz y por el contrario afirmó que el sueño mostraba lo que quería significar; comprobó que no todo el material onírico se refiere a represiones que hubieran estado anteriormente en la consciencia; e hizo un uso diferente de las “asociaciones libres” propuestas por Freud. No obstante, también puede afirmarse que buena parte de los planteamientos innovadores de Jung en materia onírica, consisten más en enriquecer y complementar los planteamientos freudianos, que en oponerse a ellos. Por ejemplo y como se verá luego, él proponía complementar el enfoque reductivo con el constructivo, y el objetivo con el subjetivo.

Un primer factor que desearía resaltar en la labor interpretativa es preguntarse con qué tipo de pacientes se facilita analizar sueños y con cuáles no. Pienso que, aunque se puede hacer con la mayoría de las personas, resulta más adecuado con personas con cierto nivel de abstracción que les permita comprender los simbolismos. Esto parecería estar también asociado con el ciclo de vida de la gente; se trabaja mejor con adultos y es menos aplicable con adolescentes y niños, o con personas de un bajo nivel de desarrollo de la consciencia. De otra parte, no suelo fomentar el recuerdo de sueños con personas que asisten a consulta por aspectos muy puntuales y por un corto tiempo, por ejemplo durante lo que resta de un embarazo, o antes de un viaje con fecha preestablecida. En un caso reciente de una mujer cuyo motivo de consulta era que estaba embarazada en su octavo mes de un segundo matrimonio, y quería aclarar cómo manejar las relaciones entre el hijo de su primera unión y el nuevo padrastro, no trabajamos ningún sueño en el breve tratamiento. Sin embargo, es difícil generalizar lo anterior, por cuanto depende de las características del paciente, de su problemática y de la manera como llegan a la consulta, pues en ocasiones, es un sueño perturbador lo que les impulsó a buscar apoyo terapéutico.

En general, yo motivo a los pacientes a tratar de recordar y registrar sus sueños. No acostumbro hacerlo de inmediato, al inicio de la terapia, pero sí al cabo de poco tiempo, luego de conocer la problemática general de la persona. Cuando un paciente no llega con sueños en las primeras citas, le estimulo a hacerlo, recomendando que compre un cuaderno dedicado exclusivamente a este uso y  que registre al final de cada día unas breves notas sobre lo más significativo en eventos y sentimientos. Esto tiene el doble propósito de servir de referencia para los sueños futuros sobre las preocupaciones conscientes del momento, y a la vez como un estímulo de sugestión que les facilite recordar los sueños al día siguiente. Así mismo les pido que los anoten tan pronto como se despierten el día siguiente, señalando posteriormente un título que darían al sueño, según su contenido. Recomiendo también acompañar los relatos con dibujos y esquemas, siempre que sea posible.

Es interesante preguntar a los nuevos pacientes si han existido sueños recurrentes en el pasado, pues pueden señalar aspectos importantes en la vida; y si los hubo, explorar si tales sueños dejaron de aparecer en algún momento de la vida. Esta situación fue reportada por una paciente que había sido abusada sexualmente de niña, y que tenía este sueño recurrente: “Yo me veo a mí misma en el sueño. A la derecha había un parque infantil donde jugaban muchas niñas. Y a la izquierda había un bosque. Salía de pronto del bosque un monstruo de lava que perseguía a mis amiguitas y se las iba tragando. Yo corría por las calles hasta llegar a una casa, pero allá llegaba el monstruo, me abrazaba y me tragaba”. El sueño desapareció cuando en su adolescencia le contó a la madre acerca del abuso.

La mayoría de veces, realizo la interpretación en un trabajo verbal con el paciente, pero en unas pocas ocasiones, cuando los sueños son de mucha importancia, sugiero que los representen en la caja de arena, por cuanto he descubierto que es una manera de optimizar el impacto del trabajo simbólico con las imágenes. Existe en mi opinión una interesante relación entre la terapia, los sueños y el juego. En este sentido, comparto los planteamientos de Winnicot (1982) quien menciona que los pacientes llegan a consulta porque han perdido su capacidad de jugar y que la tarea del terapeuta es hacer que el paciente recupere su capacidad lúdica. En consecuencia, opinaba que la terapia consiste en sobreponer el “juego del analista” con el “juego del paciente”. Veo este planteamiento bastante aplicable al análisis de un sueño en la caja de arena. Cuando el paciente lo narra es como si el escenario de sueño se materializara frente a él, y entre los dos pudiéramos “jugar con las imágenes”, hasta develar su sentido. Por eso veo tan adecuado en algunos casos que la objetivación de las imágenes se realice en el espacio libre y protegido de la caja de arena (Kalff, 2003), en donde el juego-terapia se hace más evidente.

¿Qué hacer con los pacientes que no recuerdan sus sueños? La tendencia general es que los pacientes comienzan a recordar los sueños al poco tiempo de comenzar la terapia, porque empiezan a prestarles atención, con el apoyo del terapeuta. Jung afirmaba que cuando un paciente no recordaba los sueños, se debía frecuentemente a que estaba reteniendo material que no deseaba que saliera en consulta (2000). Esto parecía suceder en el tratamiento de un docente que casi nunca podía recordar sus sueños. El único segmento de sueño que tuvo este paciente fue el siguiente: “Estaba viendo a Germán Vargas Lleras (un político muy conocido en Colombia que se postuló para presidente en las elecciones anteriores al sueño) en el debate en TV de los candidatos presidenciales”. Le pregunté qué pensaba de este aspirante y me dijo que no podía entender cómo podía tener unos resultados tan bajos en los sondeos si era el candidato con el mejor programa político. Esto sirvió para asociarlo con él mismo, que sintiéndose con tan grandes capacidades como las del candidato, no tenía mucha aceptación dentro de su equipo de trabajo.

Retomando la consideración de qué hacer con los pacientes que no sueñan, considero que la respuesta se encontrará al descubrir las motivaciones que tiene el paciente para no recordarlos. En el caso concreto del docente, se trataba de una persona de tipo pensamiento con grandes dificultades para creer en el mundo inconsciente. En consecuencia, la estrategia con él fue fomentar de muchas maneras que se contactara con su mundo emocional, tales como plasmar en una imagen sus problemas, ejercitarse en la escritura creativa, o trabajarlos con la caja de arena. Pero en otros casos, el olvido del material onírico puede deberse a otros motivos, como por ejemplo, una dificultad para comprometerse más con el proceso terapéutico, o el temor a profundizar en los propios conflictos.

Es frecuente que personas que han recordado sus sueños en forma regular, dejen de hacerlo por períodos de tiempo, por distintas circunstancias. En estos casos, cuando pasa el tiempo y siento que la terapia se hace demasiado racional, intento ayudarme con alguno de los métodos auxiliares mencionados. Utilicé este procedimiento con una paciente de 36 años con quien entramos en un período de interacciones muy intelectuales, que atribuyo a una resistencia a enfrentar hechos dolorosos del pasado. Le propuse que hiciéramos una sesión como las demás, pero poniendo la caja de arena en medio de los dos, sin el uso de figuras. Se trataba de una paciente oriunda de una región costera del país que había pasado su niñez cerca de la playa. Tan pronto como puso sus manos en la arena, comenzó a evocar sucesos de su infancia y activó nuevamente el recuerdo de sueños, lo que le dio un “segundo aire” a la terapia.

No es inusual que luego de un sueño muy esclarecedor, el individuo deje de recordar material onírico por un tiempo. Es como si se produjera un cierto agotamiento por el esfuerzo realizado y el soñante requiriera de un período de tiempo para digerir los contenidos que emergieron. También suele pasar que cuando un paciente entra en una fase de depresión aguda, tiendan a desaparecer los sueños. Por eso, luego de un tiempo, la nueva aparición de un sueño es bienvenida porque suele indicar que el paciente está saliendo de la depresión.

Le doy enorme importancia a los sueños iniciales, pues en la mayoría de los casos me han servido para orientarme sobre la problemática principal del paciente, así como sobre el camino terapéutico a seguir. Esto sucedió con un paciente que me contó el siguiente sueño al poco tiempo de iniciar terapia: “Ingreso a un bar, en donde está mi esposa, acompañada de un hombre desconocido. Hay un ambiente de penumbra y hay mucha gente. Ella me dice que él me quería conocer. Yo lo saludo, amable, dándole la mano, pero no le creo a mi esposa lo de que el hombre me quisiera conocer. Creo que lo dice por puro formalismo”. El sueño reflejaba su principal problemática, asociada con la adicción al alcohol, la cual le permitía interactuar con su entorno y contrarrestar su aguda timidez. En estado de sobriedad, sentía una gran desconfianza de la gente, por lo que la senda terapéutica se ha centrado, en buena parte, en permitir que el paciente confíe y se abra paulatinamente a los demás.

Aunque no es plenamente generalizable, la experiencia parece mostrarme que los pacientes tienden a relatar más sueños durante la primera mitad de sus procesos terapéuticos que en etapas posteriores. Así mismo, que los sueños de la primera mitad del tratamiento son más cotidianos y superficiales, mientras que los posteriores tienden a ser profundos y con más contenidos arquetipales. De otra parte, así como hay momentos en que los sueños de un paciente disminuyen, hay otros en que se incrementan, como cuando se está atravesando un período difícil de transición. Recuerdo el caso de un hombre que se iba a pensionar al cabo de 6 meses, y entonces sus sueños aumentaron significativamente, y se referían casi todos al tema laboral.

Los sueños de los pacientes también pueden reflejar el estado del proceso terapéutico del momento, lo cual me sirve como retroalimentación. Por ejemplo, una mujer de 32 años que llegó a consulta a causa de una gran tristeza que le provocaba llantos y conflictos, dedicó las primeras sesiones a confesar los “grandes secretos” que la agobiaban (experiencias extramatrimoniales). Después, tuvo este sueño: “Yo estaba en el baño de mi casa. Era agradable e iluminado  y expulsaba de la matriz una cantidad de cosas raras. No sentía dolor sino solamente impresión. Arrojaba objetos de mi cuerpo. Me alegraba saber que después, ya no iba a sentir más dolores con la menstruación”. Interrogo siempre por las emociones y sentimientos que acompañan el sueño, no sólo los presentes durante el sueño sino también los que aparecen al despertar. En el relato anterior es importante que el baño sea “agradable e iluminado” y que la paciente se sienta alegre, para corroborar el alivio que le había producido despojarse en terapia de secretos cargados de culpa.

Otro ejemplo similar es el de una paciente con un gran complejo materno negativo, ocasionado por los maltratos que recibió de su progenitora.  Aunque había fallecido hacía tres años, la paciente aún no se había podido liberar de su presencia interna: “Yo estaba en una casa grande, con muebles de colores. Tenía que bajar las escaleras entapetadas, y sentía como si el psicólogo (se refiere a mí) me estuviera viendo. Empecé a bajar y me sentía pesada. De pronto, una mujer me cogía del brazo. Al mirar atrás, yo veía que era mi mamá. Pero era una mujer diferente. A mí me daba miedo y rabia. Le decía: ´Por su culpa sufrí toda la vida´. Quería pelear pero no podía”. El sueño confirmaba que, aunque la soñante había hecho grandes avances en su proceso terapéutico, la imago de la madre continuaba oponiendo resistencias a que se liberara de su presencia.

De acuerdo con mi experiencia, podría afirmar que los pacientes mismos dan la pauta sobre la celeridad en el trabajo con los sueños; hay algunos que demandan procesos rápidos y otros que marcan un ritmo lento. La paciente que confesó sus secretos en las primeras sesiones, continuó hasta el final un proceso ágil. Por el contrario, atendí a un paciente quien a través de sus sueños señalaba la conveniencia de no ir muy rápido en su proceso terapéutico. Era un hombre de 34 años con una historia de maltrato y violencia familiar muy difícil, y cuyos primeros sueños me inquietaron bastante por las escenas de violencia, sangre y asesinatos. Frente a mi duda sobre hasta dónde llevar las interpretarlos, un sueño suyo me dio la respuesta: “Estoy con una pareja de amigos. Ella es bastante feíta y él me dice que ella hace deposiciones de a poquitos y así, de esa manera, va a poder volverse bonita con el tiempo”. Este sueño fue como una advertencia de trabajar los sueños lentamente, “de a poquitos”, permitiendo fuera él mismo el que hiciera la mayoría de las interpretaciones.

La extensión de los sueños es otro factor que varía mucho de paciente a paciente. En ocasiones la persona recuerda sólo una imagen vaga, sobre todo cuando intenta recordar los sueños durante las primeras sesiones. Aún así es posible intentar una interpretación. Ha habido oportunidades en las que un sueño-imagen ha dado para toda una sesión. Con sueños muy cortos, es posible pedir asociaciones con todos y cada uno de los elementos del sueño, a la manera del enfoque Gestáltico. Pero si se trata de sueños extensos en los que resulta casi imposible analizar todos sus elementos, opto por pedirle al soñante que me indique cuáles fueron las imágenes que más lo impactaron, para comenzar a trabajar desde allí, y a medida que ofrece asociaciones sobre ellas, vamos tejiendo juntos una trama interpretativa general a la que pueden irse sumando las demás imágenes que no fueron señaladas como las más importantes, pero que pueden ir adquiriendo sentido en torno al tema central.

Descubrí algo curioso con sueños que llaman la atención por ser demasiado “junguianos”. Uno de mis primeros pacientes, de 35 años, aunque vivía aún con su madre, estaba buscando independizarse. Al cabo del tiempo, comencé a descubrir que el paciente tenía actitudes de puer eternus. Desde el comienzo, quedé yo fascinado por el contenido tan atrayente y “seductor” de sus sueños. Este fue el primero: “Veo al agente Mulder, de la serie de TV ‘Archivos secretos’ corriendo en cámara lenta por un corredor y llega a una recepción como la de este consultorio. Atrás hay una pared como líquida. Mulder salta y se sumerge en ella y yo salto detrás. Dentro del líquido es como si estuviéramos en un útero. De pronto, del pecho de Mulder sale la agente Scully como en baby doll. Ella le dice a él: “Tienes que salvarme”. Mulder le dice que quiere hacerlo pero no sabe cómo, y ella le dice: “Por la voluntad de Él y del niño”. Ofrezco el anterior sueño como ejemplo del tipo de material que traía el paciente que llamaba mucho la atención por el carácter casi cinematográfico de sus coreografías. Por supuesto que el sueño permitía analizar algunos de sus principales conflictos, pero, al igual que otros sueños posteriores, llevaban a abstracciones internas que nos distraían del tema de las responsabilidades concretas del paciente en su vida laboral. Cuando se lo manifesté, me respondió que “yo le había descubierto su estrategia”, y a partir de entonces comenzamos a trabajar más directamente con sus retos de la cotidianidad. Esta experiencia me enseñó a cuidarme en el futuro tanto del exceso de material onírico de los pacientes como de su carácter “seductor”, pues podrían estar tratando de evadir la realidad cotidiana.

En ocasiones, es posible que aparezca en el sueño de un paciente una imagen tan intensa e importante en su vida, que permita trabajarla simbólicamente durante un período largo de tiempo. Esto sucedió con un sueño de la persona mencionada antes que tenía un marcado complejo materno negativo: “Estaba en mi cuarto y me asusto pues veo un par de tenis bajo la cama. Pregunto quién es, y sale de debajo una niñita pequeñita, blanca, bonita, asustada, triste, de pelo liso. Tiene tenis blancos sucios. Me dan ganas de llorar al verla. Le arreglo su carterita roja sucia que lleva al hombro”. Pocos días después mi paciente le contó el sueño a una prima, quien le dijo que de pequeña, ella usaba una cartera  igual a la descrita. Trabajamos bastante la imagen de esta niñita en las sesiones siguientes. Le pedí que llevara una foto de ella a esa edad, y me apoyé en la técnica de la escritura creativa, para explorar lo que tenía que decir esa niña interior.

Pasando al tema del método en la labor interpretativa onírica, de los varios pasos recomendados por los especialistas (Matoon, 1980), considero de fundamental importancia el establecimiento del contexto del sueño. Para ello, suelo solicitar asociaciones personales no sólo con personajes humanos que aparezcan en los relatos, sino también con animales, objetos, situaciones y hasta con lugares. Pido que se realicen asociaciones directas del material, en forma “circunvalar”, dando vueltas a las imágenes una y otra vez, tratando de verlas desde distintos ángulos (Jung, 2009). Como complemento a las asociaciones personales, pido al soñante información sobre los hechos, pensamientos, sentimientos y situaciones de la vida consciente con las que pueden estar relacionadas las imágenes, tratando de evidenciar aquello que puede estar dejando de ver conscientemente. En ocasiones, la charla previa que antecede a un sueño puede ofrecer la materia prima de las asociaciones; así, cuando se relata posteriormente el sueño, se tiene ya una guía sobre la situación consciente a partir de la cual se hacen fácilmente las correspondientes asociaciones. El terapeuta, conocedor de la dinámica de vida del paciente, puede también ayudarle a hacer ampliaciones con eventos olvidados. Es el caso de una paciente a quien aparecieron síntomas de enfermedad y sueños relacionados con la madre; le recordé que estábamos en el mes de septiembre, mes en que hacía varios años la madre había enfermado y muerto al poco tiempo. También puede el terapeuta recordar al paciente sobre una situación o imagen determinada aparecida en la serie de sueños anteriores.

Respecto al contexto con amplificaciones arquetípicas, puedo afirmar que raramente he escuchado en mi práctica terapéutica un sueño netamente arquetípico. Más frecuentes son los sueños que, relacionándose con la vida consciente del paciente, tienen a la vez contenidos arquetípicos. En tales casos, es posible que uno, como terapeuta, realice amplificaciones arquetípicas, siempre y cuando se intuya que pueden ser de utilidad para el soñante. En otras palabras, pienso que las amplificaciones arquetípicas deben servir siempre como medios que enriquezcan las asociaciones personales. Pueden usarse paralelismos míticos, históricos y culturales a fin de ampliar el simbolismo individual, relacionándolo por ejemplo, con mitos, leyendas, cuentos de hadas, o con elementos de la simbología universal.

He descubierto en fecha muy reciente, en mi práctica clínica, que las pacientes con experiencias tempranas de abuso sexual suelen tener sueños de alto contenido arquetípico. El siguiente es el sueño de la joven abusada de la que ya había hablado antes: “El hombre que me abusó se transformaba en un monstruo sin cara. Le veía en su cuello un collar de semillas blancas y rojas que le lograba quitar. Yo corría hasta una choza en medio de arena y fuego. Al entrar encontraba a un Taita (especie de chamán indígena) acompañado por una joven. Yo trataba de entregarle el collar pero él me decía que lo conservara. Él comenzaba a cantar y yo lloraba con un dolor enorme pero luego me sentía fuerte. Al abrir mis manos, vi que las semillas se habían desintegrado, quedando solo la astilla de un hueso. El Taita dijo a la acompañante “Llame a los otros Taitas, pues cuando pasa algo muy grande nos tenemos que reunir los cuatro, y esto es muy importante”. Soy muy cauteloso con las amplificaciones arquetípicas de los sueños, por considerar que es un material delicado que no siempre conviene elaborar; con adolescentes o personas con un ego poco fortalecido, prefiero dejar pasar estos sueños sin mayores ampliaciones. No obstante, en este caso la soñante era una joven que había estado reprimiendo lo sucedido en su niñez durante toda su vida hasta que apareció este sueño, acompañado de gran numinosidad, el cual la hizo acudir a mi consulta. El “Taita” parecía estar representando el arquetipo del Viejo Sabio que en el sueño invocaba la cuaternidad como símbolo de la conciliación de elementos inconscientes en la consciencia. Concretamente, parecía dar su aprobación a la soñante para que se acordara e hiciera consciente el material reprimido del abuso. Por ser una de las primeras sesiones, me limité a decirle a la paciente que parecía como si ella hubiera decidido que era hora de elaborar el tema, con el visto bueno de una parte interna sabia.

A medida que pasan los años, siento más confianza a la hora de analizar sueños, y pienso que eso me tranquiliza lo suficiente como para lograr, en colaboración del paciente, aproximarnos más al sentido del sueño. Considero que cada terapeuta desarrolla sus propias particularidades en el enfoque interpretativo de los sueños a partir de la experiencia. En general, yo intuyo el sentido de los sueños desde el momento en el que el paciente lo está relatando, pero no es así siempre, pues hay sueños más complejos con los que necesito trabajar paso a paso en el contexto. No obstante, ya sea que intuya el sentido onírico desde el comienzo o lo haga a partir de las asociaciones personales, he descubierto que tiendo siempre a acercarme a la interpretación a través de interrogantes que hago paulatinamente al paciente, buscando que él mismo haga los descubrimientos. Si no tengo éxito en ello, le suelo preguntar por posibles significados del sueño para permitir que el soñante reflexione sobre esas posibles alternativas, pero dejando abierta la posibilidad de estar en desacuerdo, y advirtiendo siempre que se trata sólo de hipótesis.

He aprendido también que hay sueños a los que no podemos encontrar un sentido, en especial cuando el paciente no encuentra asociaciones personales. Conviene en esos casos evitar las interpretaciones forzadas. Tengo una paciente que a menudo trae sueños enigmáticos, como el siguiente: “Estoy en una cueva en el centro de la tierra, y veo una luz al fondo. Hay muchas lianas que al llegar al piso se convierten en hombres-lianas. No tengo miedo. Hay dos lianas que se juntan y me dan dos claves; una es: 5 + 7 = 12 = 3 = blanco. Otra es: 2 + 5 = 7 = amor. Me dicen: estudie los números”. En esos casos, luego de haber buscado infructuosamente un sentido del sueño a partir de asociaciones e informaciones sobre la situación consciente de la paciente, termino mencionando que de primer momento, no encontramos una explicación al sueño, pero que estemos atentos, pues es posible que el sentido aparezca más tarde.

Respecto al enfoque de interpretación objetiva o subjetiva (esto es, tomar las figuras oníricas como gente real o facetas de la personalidad del soñante), Jung daba algunas pautas para hacerlo en una u otra forma. Por ejemplo, si la imagen coincidía o no fotográficamente con la real, si era una persona importante o no en el momento del sueño, si se trataba de alguien a quien se veía cotidianamente o no (Jung, 1933). No obstante, yo prefiero interpretar siempre de manera subjetiva, como lo recomendaba M-L von Franz, así se trate de personas muy cercanas al paciente, pues tiene la ventaja de hacer que el paciente se responsabilice de los conflictos, y que no delegue la solución de los problemas en los demás. El siguiente sueño de un paciente, interpretado de manera subjetiva, resultó muy revelador, así se estuviera refiriendo a una persona muy cercana a él: “Estoy encima de un edificio y a mi lado está mi hijo. Estamos al borde y queremos saltar al edificio del frente. Me dispongo a hacerlo, pero veo el espacio vacío bajo mis pies y no soy capaz de hacerlo”. Al preguntarle sobre su hijo, el paciente lo describió como una persona tímida pero “con un ego que no cabe dentro de él”. Ver este aspecto como una parte suya, le permitió hablar sobre la arrogancia interna que había en él, compensatoria de su extrema timidez. Sólo en la eventualidad de que el enfoque subjetivo no nos diga nada, acudo al enfoque objetivo. Además, a veces no es fácil distinguir lo subjetivo de lo objetivo, como en el caso de un hombre que sueña con su mujer, ya que la imagen onírica puede representar al mismo tiempo a su ánima y a su esposa (en la que ha proyectado esa ánima), y ambos tipos de interpretación pueden tener casi el mismo sentido.

Otra decisión que debe tomar el terapeuta ante un sueño es si abordarlo en forma reductiva o constructiva. La forma reductiva o causal seguía la pauta freudiana de buscar el origen de las imágenes oníricas como realización de deseos, mientras que la constructiva o sintética es un aporte junguiano que busca indagar por el propósito mismo del sueño, con lo cual se expande la actitud consciente del soñante. Jung hacía énfasis en esta última pero sin excluir la primera. Personalmente pienso que aunque es muy didáctico conocer la diferencia entre los dos, en la práctica es posible y deseable trabajar con los dos enfoques, siempre que sea posible. Al hacerlo, se puede descubrir que las dos aproximaciones se complementan, y que es posible aclarar, por ejemplo las causas de un conflicto determinado, pero simultáneamente encontrar orientaciones sobre la forma en que el soñante podría solucionar un determinado problema. Esto sucede en el sueño de una mujer que se sentía insatisfecha con su relación de pareja, sin encontrar razones para estarlo: “Estaba con mi esposo y habíamos decidido cortar con sierra la casa de tres pisos en la que vivíamos y llevarla a un nuevo sitio. Hacíamos que la llevaran con una grúa de un lugar a otro. Veíamos después la necesidad de hacerle remodelaciones. Salíamos a tomar algo, pero cuando volvíamos, nos dábamos cuenta que la nueva construcción se había derribado”. Al pedirle asociaciones, la soñante dice que la casa de tres pisos se parece a la casa donde vivía ella de pequeña con sus padres. Ella era la preferida de su padre, y cuando era adolescente, la relación de sus padres se dañó y ella recuerda que se enfrentaba a ellos con tal de verlos reconciliados. Hablaba textualmente de conflictos “triangulares”. Terminó abandonando a los padres para ir a vivir con su actual esposo y tres meses después su padre falleció. Había un evidente complejo paterno de la paciente y un gran sentimiento de culpabilidad por pensar que había causado la muerte de su padre. Cuando ella me consultó y  confesó algunas infidelidades que había tenido, aludió a ellas como situaciones “triangulares”. Interpretado reductivamente, el sueño revelaba unos conflictos triangulares hacia su madre, que le impedían aceptar a su esposo, y la llevaban a buscar a su padre en otros hombres, lo cual era el origen de su actual tristeza e insatisfacción. Pero desde una interpretación constructiva, el sueño parecería preparar también el terreno para que la paciente aceptara la necesidad de asistir a la terapia a fin de llevar a cabo las “remodelaciones” necesarias, teniendo en cuenta que ella había “cargado” con el conflicto triangular del pasado y lo había trasladado y actualizado en torno a la relación actual de pareja. Por ello era necesario que en el tratamiento se resolviera el conflicto triangular del pasado para evitar la futura búsqueda de su padre en otros hombres. El sueño motivaba a la paciente a tener en cuenta ese aspecto olvidado del pasado a fin de asegurar su actual relación.

Otro aspecto junguiano importante para tener en cuenta al analizar los sueños es el principio compensador de la psique. La compensación explica que en un sueño aparezca el material psíquico necesario para corregir una actitud unilateral en la mente consciente. Por eso, la interpretación puede verse como la respuesta a la pregunta ¿qué situación consciente no desea ver el soñante y por eso el inconsciente produce compensatoriamente ese sueño? A pesar de su apariencia sencilla, este concepto de la compensación es complejo, puesto que no es sólo sinónimo de mostrar lo complementario o evidenciar lo contrario de la actitud consciente. La compensación puede ser también concebida como una comparación que hace el inconsciente para detectar aspectos vistos unilateralmente por la consciencia, y mostrarlos, por ejemplo, a través de un sueño. Esa unilateralidad de la consciencia puede ser de dimensiones variables, por lo que algunas veces un sueño puede mostrar diferencias muy pequeñas con la actitud consciente. No obstante, a pesar de esos casos de ligeras unilateralidades, pienso que la enorme mayoría de los sueños resalta más las grandes diferencias que las pequeñas. En otras palabras, que los sueños, como afirmaba Marie-Louise von Franz, nos dicen no lo que ya sabemos, sino lo que no sabemos (1997).

Acerca de la verificación de las interpretaciones (partiendo de que sólo son hipótesis), he tomado la costumbre de estar atento a las corroboraciones o refutaciones posteriores. De los varios criterios que proponía Jung (2007, 2009), los que considero más efectivos son, primero, que la interpretación sea confirmada por sueños posteriores, y segunda, que los hechos que prevé la interpretación ocurran en la vida real del soñante. Hay un ejemplo muy claro de ello y es un sueño mío, sucedido hace unos buenos años. No me encontraba en análisis en ese momento y había situaciones difíciles que estaba atravesando. El sueño es: “Estoy en el diván, en sesión de análisis con quien fue mi primer psicoanalista, cuando de pronto él se levanta de su sillón y sale del consultorio. Al rato, veo que entra una mujer y se sienta en el sillón que antes ocupaba mi analista”. No se necesita un análisis muy profundo para tener una idea de lo que significaba el sueño. Era un llamado no sólo a reiniciar un proceso terapéutico, sino a hacerlo con una mujer, algo que nunca había pensado conscientemente hasta ese momento. Estuve atento a los sueños siguientes, los cuales confirmaron de diferentes maneras el mensaje inicial. Así que busqué una terapeuta mujer, me hice paciente de ella, y fue una experiencia maravillosa, pues surgieron problemáticas que nunca habían surgido con los dos analistas hombres anteriores. Esto parece demostrar que los sueños tienen un carácter prospectivo, no plenamente consciente, que puede operar a manera de anticipación futura.

Pero así como los sueños posteriores pueden verificar una interpretación, en ocasiones la corrigen. Eso lleva a una cierta tranquilidad en la labor interpretativa, ya que no resulta tan grave que analista y paciente se equivoquen en una interpretación, pues los sueños posteriores se encargarán de indicar el error.

Antes de finalizar, es importante aclarar que no considero imprescindible el análisis de los sueños en el proceso terapéutico. Los sueños son una fuente muy importante de material inconsciente, pero no la única, así que es posible adelantar procesos terapéuticos con pacientes que no recuerdan sus sueños, ya que el terapeuta puede acudir a otras fuentes, como las emociones del paciente, sus síntomas, sus fantasías, la imaginación activa, o las varias técnicas expresivas, a fin de buscar la conciliación de contenidos inconscientes con los conscientes.

No obstante, en este documento he querido resaltar la importancia que tiene el particular enfoque junguiano del análisis de los sueños en la práctica clínica. Este enfoque, como afirma Matoon (1980), contrasta con el enfoque psicoanalítico, que restringe la riqueza interpretativa, al considerar que son sólo una realización de deseos, o un disfraz, o que sólo admiten una interpretación causal y objetiva. Los planteamientos teóricos de Jung permiten una vasta y variada apertura de posibilidades de interpretación que corresponden a la complejidad humana. Su particular concepto de la compensación ofrece a los pacientes la posibilidad de buscar la totalidad del Self a través del análisis de sus sueños, pues les permite detectar y corregir la unilateralidad de su mirada consciente. En otras palabras, les permite ver lo que la mirada consciente no está viendo. Cuando comencé a dictar la cátedra universitaria de Jung, yo solía comentar que el registro e interpretación de mis propios sueños se había convertido en un hábito muy parecido al de colocarme los lentes de contacto en la mañana. Luego de un tiempo, caí en cuenta de la metáfora que estaba utilizando, y es que, al igual que los lentes, la interpretación de sueños “sirve para ayudar a ver mejor nuestra realidad externa”.

REFERENCIAS

Jung, Carl G. (2000). Freud y el Psicoanálisis. Obra Completa. Vol. 4. Madrid: Trotta.

Jung, Carl G. (2007). Dos escritos sobre Psicología Analítica. Obra Completa Vol. 7. Madrid: Trotta.

Jung, Carl G. (1933). La dinámica de lo Inconsciente. Obra Completa Vol. 8. Madrid: Trotta.

Jung, Carl G. (2009). La vida simbólica. Obra Completa. Vol. 18/1. Madrid: Trotta.

Kalff, Dora M. (2003). Sandplay: A Psychotherapeutic Approach to the Psyche. California: Temenos Press.

Mattoon, Mary Ann (1980). El análisis junguiano de los Sueños. Buenos Aires: Paidós.

Von Franz, Marie-Louise y Boa, Fraser (1997). El camino de los sueños. Chile: Cuatro Vientos.

Winnicot, Donald W. (1982). Realidad y juego. Barcelona: Gedisa.

La mujer a quien Jung le cambia la dirección de su energía

País: Uruguay

Sexo: Masculino

Sueño:

Erase una mujer que a pesar de haber nacido en Inglaterra desde muy joven, tenía la tendencia de vestirse con ropajes de plumas. La imagen de su atuendo es de unas plumas blancas y vaporosas con cañón de color azul pastel. Eso, indicaba en el sueño, su temprana relación con la naturaleza. Pero, luego, esta mujer se pone en contacto con Jung, o con la teoría junguiana, y se produce en ella un "giro". Consiste en que su energía cambia de rumbo y se desvía en un ángulo de 45 grados (?). 

lunes, 23 de marzo de 2015

Soñar podría ser la forma en la que descubrimos la vida del alma

Por Alejandro Martínez G. - Tomado de Pijamasurf - 29 Enero 2915
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Existen numerosas teorías sobre por qué soñamos. Entre las más discutidas por la ciencia destacan la idea de que soñamos para consolidar ciertas memorias o para depurar otras (un procesamiento de la basura diurna, liberar espacio de RAM); para resolver problemas o ensayar escenarios futuros; o, la más materialista, como un subproducto de nuestros impulsos neurales, igual que la conciencia es sólo un accidente de la complejidad de nuestra materia cerebral. Freud creía que el sueño tenía la función de cumplir nuestros deseos inconscientes y de esta forma liberar tensión mental. Si bien algunas de estas ideas seguramente tienen algo de cierto y cubren algún aspecto de lo que ocurre cuando soñamos, ninguna parece concluyente y todas nos dejan sin una imagen satisfactoria para responder al misterio y a la fascinación de la experiencia de los sueños. Y es que soñar es algo bastante extraño: todas las noches viajamos mentalmente a un enigmático mundo hecho de imágenes en el que no sabemos del todo si lo que vemos es sólo una representación de nuestro contenido cerebral o si las imágenes que se nos presentan tienen vida propia y se originan en un inconsciente colectivo o en un mundo paralelo. Desde que tenemos noción de la historia, los sueños han conjeturado la idea de que al soñar viajamos a otro mundo. Ese otro mundo es explicado por la ciencia simplemente como la imaginación, pero me gustaría recordar que históricamente la imaginación no es sólo la función del cerebro de fantasear o entretener cosas inexistentes. En las tradiciones místicas la imaginación es el órgano de percepción de lo invisible –”el ojo del corazón”– o aquello mismo que une en este mundo a los otros mundos.

Sobre esta múltiple madeja de incertidumbre, consideremos otra línea de exploración sobre los sueños. Aclaro que es una visión, más el resultado de una imagen que una teoría y no debe ser analizada bajo la misma estructura lógica-racional. Es la idea antigua de que los sueños son el dominio del alma. Podemos decir también que son el dominio de la psique, pero en el viejo sentido de la palabra “psique”, que es alma y no sólo mente. El mundo de la vigilia es sobre todo el dominio del ego, esa parte de la psique que nos hace creer que existe una sola realidad y un solo sujeto en el cuarto de control piloteando la máquina: él mismo. Si el mundo despierto del ego es lo real, entonces, el mundo de los sueños debe de ser ficción (y el alma misma es ficción puesto que no la podemos ver ni controlar). Pero tal vez la irrealidad y la insustancialidad que nos parece tan propia de los sueños sea en buena medida resultado de la influencia del ego, de que es al único personaje que escuchamos, la única voz en nuestra cabeza. En una lógica aristotélica y en un dualismo cartesiano pensamos que si el mundo despierto del ego es real entonces el mundo de los sueños –que es lo opuesto en nuestras categorías– no puede ser también real. Nos cuesta admitir la posibilidad de que los dos puedan ser reales o más o menos reales, o los dos irreales (y es que si el ego no es real, entonces qué ocurre con nosotros, ¿por qué no desaparecemos?). Como dijera Robert Anton Wilson, en amor a la paradoja: ”Todos los fenómenos son reales en algún sentido, irreales en algún sentido, sin sentido y reales en algún sentido, sin sentido e irreales en algún sentido y sin sentido reales e irreales en algún sentido”. Tal vez esta sea parte de la fenomenología espectral y paradojal del sueño.

“Debemos de invertir nuestro procedimiento usual de traducir el sueño al lenguaje del ego y en cambio traducir el ego al lenguaje de los sueños. Esto significa aplicar al ego una labor-de-sueño, hacer de él una metáfora, viendo a través de su “realidad”", dice el psicólogo James Hillman. Hacer esto significa dejar de considerar al sueño como una metáfora del ego, una representación más o menos insignificante de su vida psíquica. Dejar de interpretar nuestros sueños con respecto a lo que nos ocurre en la vigilia y con respecto a los deseos del ego; darles autoridad y autonomía, creer en su propia naturaleza, personificarlos. Hillman agrega que más que traer nuestros sueños a este mundo y buscar entenderlos e interpretarlos bajo la lógica de la luz y la razón para así transmutar su enigma en algo que podamos usar y entender, podemos aceptar la invitación de los sueños y viajar a ese otro mundo de sombras. En su libro sobre los sueños, The Dream and the Underworld, Hillman comenta sobre la idea de Platón de que los sueños son sombras: “como toda sombra visual, estas imágenes oscurecen la vida, dándole profundidad, una luz doble, crepuscular, duplicidad, metáfora. La escena en el sueño (la raíz de la palabra escena tiene un parentesco con skia, “sombra”) es una versión metafórica de esa escena y esos actores de antaño que han profundizado y entrado en mi alma”.

No es insignificante que en la mitología griega el hogar del dios del sueño, Hipnos, se encontraba en Erebos, la tierra de la oscuridad eterna y su hermano era Tánatos, la muerte. Soñar no sólo es como morir, como dice Shakespeare, soñar también es ir con los muertos, con el pasado, con todo lo que está debajo de nosotros en nuestro inconsciente, en nuestra alma. Es necesario visitar esta parte, que es la profundidad misma de la psique, para tener una visión completa de la humanidad y de los fantasmas que habitan la psique. En este camino arquetípico podemos entender por qué Dante entró al infierno después de quedarse dormido y “desviarse del camino correcto”. La puerta del infierno, del inframundo, es el sueño; recordemos también que para ir al cielo y cumplir la visión beatifica del amor divino es necesario antes cruzar el infierno (esto es lo que significa ser humanos). Esto en la psicología de Jung se conoce como integrar la sombra; en términos más seculares sería honrar nuestra historia y a nuestros antepasados.

Thomas Moore, alumno de James Hillman y estudioso y traductor de textos clásicos, cuenta que en la antigua Grecia se creía que “grandes beneficios podían sobrevenir cuando el alma escapa del cuerpo y el mundo actual”. Esto esboza una explicación de la función del sueño: el recreo del alma, el viaje necesario para seguir alimentando su naturaleza y comunicarla. Moore hace referencia a la anterior imagen donde se muestra una visita a un templo consagrado a Asclepio, el dios de la medicina. Vemos que la curación ocurre en dos niveles: primero el diagnóstico y la auscultación que todos conocemos y luego a través del sueño o lo que se conocía como incubación. Los pacientes eran conducidos al enkoimeterion (o pórtico de incubación) donde el dios se manifestaba en el sueño y daba la pauta del tratamiento y se curaba no sólo el cuerpo sino también el alma –algo que podía hacerse en el sueño).

¿Es posible que sea en los sueños que nos damos cuenta de que tenemos alma, de que somos un alma y no sólo un ego y que nuestra alma tiene su propia historia? James Hillman escribe: “Al familiarizarme con mis sueños también me familiarizo con mi mundo interior. ¿Quién vive en mí? ¿Qué paisajes interiores son míos? ¿Qué es recurrente y por lo tanto sigue regresando a habitar en mí? Estos son los animales, personas, lugares y preocupaciones, que quieren que les haga caso, que quieren hacerse mis amigos”. Hillman sostiene que esta comunidad interna puede llamarse “la sangre del alma” y que “la conexión con el inconsciente nos lleva a un sentido de alma, a una experiencia de la vida interna, a un lugar donde el significado se siente en casa”. De aquí que toda vida con profundidad y significado necesite de los sueños. La memoria y la imaginación en los sueños se hacen alma.

viernes, 2 de enero de 2015

Disgusto con mi amiga

País: Colombia

Sexo: Femenino

Sueño:

Llamo a mi amiga P. al celular en Buenos Aires. Le pregunto  cómo van sus cosas, con su novio A, con el estudio, el trabajo, con todo, en general. Le digo que la quiero ver porque acabo de llegar a Buenos Aires. Sin embargo, ella me manda indirectazos, insinuándome que algo anda mal en su relación. Alcanzo a ver que se encuentra en un piso de un edificio antiguo, con A, viviendo, pero están como disgustados. Luego me dice que nos veamos, su voz suena superindispuesta, pues al parecer las cosas no van bien, y cuando llego al  departamento de P, ella me abre la puerta con una cara que expresa rabia y con ganas de llorar, pero no lo hace. Lo que encuentro extraño es que al ver a la persona que está detrás de ella, me doy cuenta de que no es A, sino su ex novio J, el que está conviviendo con P en ese momento. Ella me dice que espere afuera un momento y enseguida llega un actor que es amigo de ellos, pero más de J que de P. Se llama A. y lo personifica ese mismo actor colombiano (el de la novela P G). Yo bajo las escaleras, le abro sin saber si P  quiere que pase o no a su casa. Le hago seguir y cuando le aviso a P se pone muy brava conmigo porque me dice que esa persona le trae malos recuerdos, que siente su mala energía, y que le disgusta su presencia. En pocas palabras, que no lo quiere ver. A pesar de las circunstancias, ella me dice de mala forma que ahora nos va tocar cenar a los cuatro.