Sobre el origen de este Blog


Este blog tiene un hermano gemelo que es Mitos Latinoamérica, que tiene una gran acogida (1'500.000 visitas). Hay semejanzas entre los dos blogs, pues ambos narran productos psíquicos. Pero la diferencia es que en aquel, yo lo alimento periódicamente con mitos de América Latina, mientras que en este blog, son los lectores mismos los que lo alimentan, al contar sus mitos personales, que son los sueños.

Así que este blog vivirá de la caridad pública, de las “donaciones” ANÓNIMAS de sueños que hagan los visitantes. Aunque son aportes de gran riqueza, no representan un valor económico sino simbólico. Este blog busca constituirse en el cajero automático de un gran Banco de Sueños, en el que cualquier lector pueda consignar sus sueños para compartirlos con los demás. Cada noche nuestra mente produce cantidades de sueños que en su enorme mayoría se olvidan y se pierden para siempre. Así que deseamos crear este espacio en el que la gente pueda compartir este hermoso material.

Acá no intentaré interpretarlos porque para hacerlo se requieren las asociaciones de los soñantes, algo imposible en un espacio como este. Pero como soñante y como terapeuta que analiza sueños en mi consulta particular, tengo la convicción de que debemos evitar que los sueños individuales se sigan extraviando noche tras noche para siempre.

Mi aporte será: 1) publicar en la columna derecha una selección de artículos que hablen sobre los sueños. 2) Clasificar los sueños en categorías, según los temas que traten. 3) Corregir la ortografía; sé que los sueños no tienen ortografía y que lo que hago es una intromisión, pero tengo una tara profesional de docente que me hace imposible publicar algo con errores ortográficos.

Así que demos comienzo a las donaciones de sueños. Pueden donarlos enviando sus sueños al correo juancalonsog@gmail.com, y yo los transcribiré como Entrada al Blog, o si quieren mantener más su anonimato, anotarlos al final de cualquier Entrada en los "Comentarios".


Un saludo cordial,

Juan Carlos Alonso
Editor del Blog



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domingo, 9 de febrero de 2014

Los sueños del conde Siruela

¿Qué significa soñar? El escritor, diseñador gráfico y editor español Jacobo Siruela, después de muchos años de investigación, aporta un inventario de significados desde las perspectivas de la historia, lo sagrado, las dimensiones de la conciencia, las paradojas del tiempo o el enigma de la muerte. Su obra “El mundo bajo los párpados” constituye un reto intelectual para responder a una inquietud formulada por el propio autor. La historia de los sueños nunca ha sido escrita. Él terminó por cumplir esa tarea.

El siguiente artículo fue tomado del diario El Espectador, escrito por Jorge Cardona Alzate, el día 9 de febrero de 2014, sobre el conde Siruela, de paso por Bogotá luego de haber
participado en el “Hay Festival de Cartagena”,
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La tercera parte de la vida transcurre entre sueños, pero pocos se asoman a su legado y su saber. El escritor, editor y diseñador gráfico español Jacobo Siruela lo hizo y su obra, El mundo bajo los párpados, representa la saga no contada de los dormidos y sus fantasías, inmersa en el contexto sociocultural de los despiertos. La historia de los sueños que no estaba escrita con sus metáforas y secuencias, y ahora cuenta con personajes legendarios que también se hicieron célebres mientras soñaban.


El general cartaginés Aníbal, quien, en su guerra con Roma en el año 219 a. de C, sintió que Júpiter lo ayudaba después de tomar Sagunto. El joven Oliver Cromwell, quien se pensó rey de Inglaterra y terminó azotado por contarlo, pero 40 años después hizo rodar la cabeza de Carlos I Estuardo y tomó el cetro. O los sueños que el pensador francés René Descartes tuvo en Neuburg, al suroeste de Alemania, que siempre pensó enviados por Dios para encontrar la clave de su búsqueda filosófica.

El diario de utopías personales del escritor inglés Graham Greene, recopilado durante 25 años, que luego seleccionó y editó en un libro que hoy puede leerse como la autobiografía de un narrador que vivió intrigado por la intimidad de sus sueños. Una documentada síntesis del mundo desde la perspectiva de los artífices del universo inconsciente, que confirma lo dicho por el epistemólogo francés Gaston Bachelard: “El espacio del sueño es todo menos quietud, cualquier cosa menos reposo”.

“Es que olvidamos nuestra segunda vida y hay que escuchar los sueños. A veces el yo oculto termina sabiendo mucho más que el yo exterior”, expresa el autor de paso por Bogotá, en la antesala de su regreso a España, luego de participar en el “Hay Festival de Cartagena”, donde ofreció una conferencia sobre los espacios editoriales para la ficción y la creación contemporánea. Una pausa para hablar de su libro, de su editorial Atalanta, de la poética de los sueños y el cambio de paradigmas.

Su evolución es igual de atrayente. Nacido en 1954, Jacobo Fitz-James Stuard Martínez de Irujo, conde de Siruela, de la casa de Alba, como en verdad se llama, es el tercer hijo de una familia crecida entre genealogías y palacios, que a los 20 años dejó la carrera de filosofía y se marchó a Londres. Cuando regresó, ya inmerso en la intelectualidad, entró en contacto con estudiosos de la literatura medieval y llegó a sus manos una novela anónima del siglo XII sobre la muerte del rey Arturo.

Fascinado por su contenido la reeditó con lujo. La novela se agotó y ese fue el origen de la idea que cobró forma hasta 1982: su editorial Siruela, que encontró en el patrimonio medieval y el ciclo artúrico suficiente inventario para sus colecciones. Entonces ocurrió otro suceso crucial para su vida. Durante un curso de literatura fantástica en Sevilla (España) en 1983 conoció al escritor argentino Jorge Luis Borges. Ese mismo año editó su Biblioteca de Babel y, además, del éxito le quedó un maestro.

En adelante, su catálogo de títulos y sobre todo su colección de literatura fantástica lo convirtieron en editor reconocido. Pero un día de 2000, como lo admitió después, cuando entendió que ya no podía leer a sus anchas, optó por vender su sello. Con su esposa filóloga y periodista Inka Martí adquirió una hermosa casa de campo en el alto Ampurdán, en la provincia de Gerona, constituyó un taller artesanal y un jardín de rosas blancas, rosas y rojas, y recobró su tiempo para soñar de nuevo.

En ese paraje idóneo para su condición de “liberto acomodado”, inspirado en el mito griego de su heroína predilecta, en 2005 le dio vida a su editorial Atalanta. Desde entonces van 80 títulos que nadie duda en reconocer como selectos para releer y conservar La tradición oculta del alma, de Patrick Harpur; La historia de Genji, de Murasaki Shikibu, o El erudito de las carcajadas, de Jin Ping Mei, libros rescatados de los anaqueles perdidos del pensamiento ilustrado.

No todo le interesa y sus tres líneas son claras. Ars Brevis, para exaltar la narrativa breve del cuento y sus afines; Memoria Mundi, porque cree que la base de la conciencia y la cultura reside en el poder de la memoria, y la colección Imaginatio Vera, donde la espiritualidad antigua, la mitología clásica y la verdadera metafísica aportan a la verdad. Ya no requiere una empresa con muchas oficinas, sino una sumatoria de pocos talentos al servicio de la imaginación y de la estética.

De esa visión ecléctica en la que la física cuántica es tan esencial como la curiosidad, surgió su obra El mundo bajo los párpados, en la que son protagonistas los sueños o quienes dedicaron su vida a explorar en los recónditos caminos del onirismo. Como Gerolamo Cardano, un prestante médico, matemático y astrólogo, contemporáneo de Leonardo da Vinci, que además de psíquico y observador de la naturaleza, interpretaba en los sueños lo que iba a suceder.

Jacobo Siruela recalca que en aquellos tiempos renacentistas, como en los días antiguos, la gente confiaba en el asombro, pero “las nuevas corrientes intelectuales del Siglo de las Luces derogaron el antiguo prestigio del que habían disfrutado los sueños proféticos”. Desde entonces, la Ilustración los clasificó como “inútiles reminiscencias supersticiosas del oscurantismo de las épocas premodernas”. En otras palabras, el progreso los borró del mundo civilizado.

Sin embargo, en el siglo XX, con su texto clásico La interpretación de los sueños, el creador del psicoanálisis Sigmund Freud terminó recobrando su importancia humana como una relación alucinante de deseos o una vía privilegiada de acceso al inconsciente. El autor prefiere ahondar más en los trabajos del psicólogo suizo Carl Gustav Jung, quien nunca negó sus experiencias con el mundo onírico, tanto propio como ajeno. Según se calcula, interpretó más de 80.000.

Aunque el imperio de la razón o de la mente fue archivando la observación de los sueños, Jung comprobó que todas las crisis humanas despliegan de forma paralela “una historia subterránea cuyo drama se desarrolla en lo inconsciente”. Jacobo Siruela añade convencido de la eficacia de estos símbolos oníricos: “Lo que sucede es que la tendencia en la actualidad de cientifismo absoluto es a reprobar lo que se desconoce y por eso se confunde superstición con iluminación”.

Es cuestión de creer en lo que se prueba o se ve, pero también de no negarse a auscultar otros paradigmas. Como lo hizo el ingeniero aeronáutico irlandés John William Dunne, quien además de su credibilidad como diseñador de aviones y científico de la aerodinámica en la primera mitad del siglo XX, fue un notable parapsicólogo que concluyó evaluando los sueños como “procesos oníricos que mezclan lo sublime con lo instintivo, lo significativo con lo absurdo”.

En palabras del autor de El mundo bajo los párpados, la conclusión de Dunne es que “mucha parte de lo que soñamos no versa sobre circunstancias del pasado, como afirma el psicoanálisis, sino sobre acontecimientos del futuro. Si no reparamos en ello es debido a lo frágil que resulta nuestra memoria”. Sus observaciones dejaron un ingenioso material de estudio sobre las dimensiones del tiempo, incluso retomado por investigadores en el complejo mundo matemático.

Finalmente, el escritor aborda un tema extremo: la forma como se parecen los durmientes y los muertos. Desde el siglo XV, Leonardo da Vinci lo escribió en su cuaderno de notas: “¿Qué es el sueño?” Luego se contestó sin equívocos: “Es la imagen de la muerte”. El autor explora en la mitología clásica, en los caminos del arte o en la propia ciencia, y apela a un antiguo poema gnómico para decir que “el sueño es un ejercicio preparatorio para conocer lo que nos espera tras la muerte”.

En la línea de los trabajos desarrollados por el científico y teólogo sueco Emanuel Swedenborg, a partir de 1750, el estudio de la dualidad entre sueño y muerte pasa por la cultura del antiguo Egipto o la magna Grecia, pero existe un capítulo particular que no puede ser ignorado. Las enseñanzas del Bardo Thodol, un antiguo texto tibetano recitado por los lamas durante los 49 días que seguían a la expiación de una persona difunta. Una especie de instrucción para el más allá.

Jacobo Siruela no entra en disquisiciones ni rechazos sobre los estados intermedios que sugiere el Bardo Thodol, ni tampoco descalifica la mística islámica u otras cosmogonías. Más bien, en el contexto del mito de los dioses gemelos del sueño (Hipno) y de la muerte (Tánato), concluye su propia hipótesis: “Gemelo de la muerte, el sueño sería entonces esa huidiza morada plutónica en la que entramos cada noche, inocentes como niños, al cerrar tranquilamente los párpados”.

Por ahora, regresa a su refugio taller en Gerona (España), dispuesto a seguir preparando, revisando y elaborando cada libro de su editorial Atalanta, convencido de que lo más interesante y democrático que le ha sucedido al mundo en los últimos tiempos es la internet, que hoy permite recorrer libremente los caminos del conocimiento, y aferrado a sus sueños sin línea recta en los que sólo tiene una certeza: “Alejarse de la naturaleza es irse poco a poco de la belleza”.

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