Por Hans Dieckmann, Capítulo traducido y
tomado de la obra "Methods in Analytical Psychology", Chiron
Publications, Wilmette, Illinois, 199, pp. 109-122.
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A comienzos de siglo, Freud y Jung
hicieron sus sensacionales descubrimientos en lo concerniente a los contenidos
del sueño y la fantasía y formularon sus conceptualizaciones de los caminos
para hacer los contenidos oníricos comprensibles para la conciencia. Es
remarcable que no haya habido ningún avance nuevo esencial ya sea en el
psicoanálisis o en la psicología analítica en lo que concierne a la comprensión
de los sueños desde entonces. Este avance ha venido de un campo diferente, el
de la psicología experimental y la investigación del sueño. Al monitorear el
movimiento rápido del ojo, Kleitmann (1963) tuvo éxito al establecer una
relación entre las varias fases del sueño. A pesar de que podemos diferenciar
cinco fases distintas del sueño con la ayuda del EEG, básicamente solo dos de
ellas son de interés para nuestros propósitos: fases no REM y fases REM. La
última parte del sueño revela una figura mezclada de ondas EEG de tipo alfa y
beta y es caracterizada por el hecho que la mayoría de los sueños ocurre en
esta etapa. Sabemos que los sueños aislados ocurren en otras etapas del sueño,
pero la actividad onírica es más intensa durante la fase REM. En general
podemos asumir que el adulto experimenta tres o cuatro fases REM cada noche y
consiguientemente tiene un número correspondiente de sueños que pueden ser
recordados. En el curso de la vida humana encontramos una fase REM elevada
durante el período intrauterino tardío. A la edad de cuatro años alcanza el 30
por ciento de nuestro tiempo de sueño, a la edad de veinte cae al 25 por
ciento y en la edad anciana (esto es, a los ochenta años) cae al 20 por ciento.
Esto significa que nosotros gastamos alrededor de un cuarto de nuestro tiempo
dormidos soñando (Rossard 1976).
También sabemos que estas fases son de una
significación psicológica y fisiológica especial para el funcionamiento
saludable de nuestra vida psicofísica. Los estudios de la interfase psicofísica
en el sueño todavía tienen un largo camino recorrer y mucho a clarificar, pero
podemos decir que la privación total del sueño REM hace aparecer disturbios
psicológicos severos parecidos a los estados psicóticos. Por otro lado, la
reducción experimental del sueño REM en los pacientes depresivos puede resultar
en una mejoría en su depresión. La investigación experimental confirma la
concepción hipotética de Jung que el “monólogo” del inconsciente en nuestra
psiquis continua ininterrumpido durante el sueño y que los sueños tienen una
función psicofísica esencial. De aquí que sea más asombroso cuan pequeño valor
la persona promedio le otorga a esta segunda vida a pesar del trabajo profundo
de la psicología desde la ilustración hasta hoy día. Es asombroso cuan rápida y
descuidadamente la persona promedio abandona los sueños en el olvido a pesar
que en ellos él o ella tienen las experiencias más interesantes y excitantes
que son presentadas con cualidades sensuales y sensorias completas y tienen
lugar como una realidad objetiva en el sentido que Jung le a da este término
(Jung, “Sobre la Energía Psíquica”, C.W. 8). Más bien, parece como si el
interés en el sueño que apareció nuevamente a comienzos de siglo y mantuvo el
interés entre expertos y analistas que trabajaron con el inconsciente está
desapareciendo aun entre ellos, y que muchos analistas trabajan ahora con
sueños solo un poco. Hasta cierto grado, el interés creciente en las dinámicas
grupales y en el tratamiento focalizado de conflictos corrientes, en problemas
sociológicos, y en los fenómenos de la transferencia y contratransferencia han
de nuevo empujado el trabajo con el sueño y con sus contenidos hacia un plano
secundario. Quizás esto se deriva de una insatisfacción general con los métodos
de interpretación onírica disponibles y de la pregunta hecha una y otra vez por
los críticos concerniente a cuáles son los resultados que nuestros métodos
interpretativos señalan como válidos y que puedan ser probados y confirmados. A
la luz de esas consideraciones, puede ser importante primero reflexionar sobre
los enfoques de la interpretación onírica o las formas en las cuales la gente
ha manejado los sueños en el curso de la historia humana.
Podemos distinguir tres enfoques
fundamentales. Primero, como es costumbre entre muchos pueblos primales o
“culturas primitivas”, el sueño es incluido como parte de la realidad externa,
y, como sospechamos que ocurre con los niños, no se hace una clara distinción
entre la fantasía inconsciente y la realidad. Esto puede ir tan lejos que una
persona es considerada responsable por lo que hace en sus propios sueños, y
también por lo que hace en los sueños de los otros. Levy-Bruhl (1959) cita una
serie entera de informes de esta clase que nos parecen inconcebibles. Por la
mayor parte, ellos vienen de Nueva Guinea, Borneo, y de las Lenguas del Gran
Tschako donde es bastante corriente que una persona sea castigada por la
infidelidad cometida en el sueño o debe realizar la restitución de los bienes
robados en un sueño u otro. Sachtelen señala:
Un hombre llegó a
mi aldea. Él venía de un lugar situado a 180 millas. Me exigía que yo lo compensara
por las calabazas que había recientemente robado de su jardín. Asombrado, le
dijo que no había estado cerca de su jardín por mucho tiempo, y que no podía
haberle robado las calabazas. Al principio pensé que era una broma, pero pronto
me convencí que el hombre actuaba seriamente. Para un indio acusarme de robo
era una experiencia totalmente nueva. Para complicar las cosas él admitió
abiertamente que yo no había tomado las calabazas. Cuando él dijo eso,
comprendí menos que antes. Me hubiera enojado si no lo hubiera visto tan
convencido y entonces, por el contrario, me invadió un vivo interés en el
asunto. Finalmente lo descubrí: él había soñado que yo había estado en su
jardín una noche y que él –escondido detrás de plantas muy grandes– había visto
como yo recogía tres grandes calabazas y me las había llevado. Él quería que yo
se las pagara. Entonces yo le dije, “Pero tú has recién admitido que yo no las
llevé”. De nuevo él estuvo de acuerdo, pero repentinamente agregó: “Si tú
hubieras estado allí, tú las hubieras llevado”. De esta forma el revelaba que
él consideraba el acto de mi alma (que él había sospechado que había estado en
su jardín) como un acto que yo había querido voluntariamente y que yo realmente
lo hubiera cometido si hubiera estado personalmente (Levy-Bruhl, 1959, p. 8 ).
En otro caso Roth informa que “En Muke
(Borneo) yo conocí a Janela. Como razón de su venida él dijo que una pena había
sido impuesta sobre su hija en Luai porque su esposo había soñado que ella le
había sido infiel. Janiela había traído a su hija con él” (Ibid, p. 94).
Levy-Bruhl cita un gran número de informes
similares que nos parecen incomprensibles. Robos, infidelidades, aun
asesinatos, son adscriptos a otra persona que los ha cometido en el sueño
del soñador. Para la gente en estas culturas, es realmente el alma de la otra
persona que aparece en los sueños de uno y comete tales actos por los cuales
uno muy naturalmente demanda que el otro asuma la responsabilidad en la vida
despierta. El alma de una persona es tan real como la persona de carne y hueso
y como sus actos en la vida despierta. Nosotros nos vemos forzados a preguntar
cómo estas clases de culturas han sido capaces de existir si realmente
procedemos de la idea que son meramente las imágenes suprimidas de los deseos e
impulsos de una persona los que aparecen en los sueños. O es quizás que, en
nuestra propia cultura que tanto enfatiza la racionalidad y con nuestra actitud
despreciativa hacia el inconsciente, somos tan destructivos a nuestra propia naturaleza
interior que nosotros nos exterminaríamos a nosotros mismos a corto plazo si
nos consideráramos responsables de lo que hacemos en los sueños de los otros?
Obviamente hay culturas que son por lejos menos destructivas de lo que somos
nosotros y que pueden funcionar dentro de este punto de vista.
El segundo enfoque es que el sueño es un
mensaje enviado por los dioses y sirve primariamente como un oráculo, esto es,
tiene aspectos mánticos (adivinatorios). Este de punto de vista disfrutó de
popularidad en la antigüedad y fue gradualmente abandonado solo en los tiempos
modernos bajo la influencia del Renacimiento y el avance de las ciencias
naturales. En el enfoque mántico de los sueños, ya encontramos la idea de que
los sueños son codificados y que una decodificación debe tener lugar. En una
gran medida el simbolismo del sueño era comprendido colectivamente y los
antiguos intérpretes del sueño compilaron lexicones del sueño sobre la base de
interpretaciones simbólicas colectivas. De estas, la primera que nos es
conocida es la de Antífona de Atenas del siglo quinto. El libro de sueños mejor
conocido de este período es el de Artemidoro de Daldis; su libro refleja una
muy considerable comprensión de la psiquis humana, aun desde el punto de vista
de nuestro conocimiento corriente, todavía tomando en cuenta las condiciones
bajo las cuales el sueño era soñado y la persona del soñador.
Tercero y último, en la interpretación
moderna de los sueños el aspecto individual aparece en el primer plano. Todo
sueño y todo motivo de sueño o símbolo de sueño está relacionado a los
recuerdos del individuo, la vida y la historia familiar, y la situación
consciente independiente de os rasgos colectivos, los cuales por supuesto,
también deben ser considerados. Aquí el mismo motivo del sueño puede tener una
significación completamente diferente para un paciente que para el otro. En
este modo de interpretación onírica, la gama de los posibles significados
dependientes del mundo personal, experiencial del soñador es demasiado grande
para ser capturada de cualquier forma en un diccionario; de esta forma, las
enciclopedias de símbolos o de sueños ahora solo existen en las revistas o en
la literatura lega.
En contraste con lo que es habitualmente
mantenido, el complejo del ego lleva un grado considerablemente mayor de
constancia y estabilidad y de ninguna forma tiene la tendencia de disolverse y
disociarse en el sueño. Más bien, el complejo del ego tiene que ver con
preservar sus funciones en el ego-sueño. Esto no excluye la presencia de muy
distintas tendencias hacia soltar la estructura del ego, y el sueño está muy
adecuadamente ubicado para mediar cualidades suprimidas o experienciales nuevas
para el complejo del ego.
En un trabajo anterior (Dieckmann 1965),
yo he descrito estos procesos integrativos en el ego-sueño junto con los
cambios en la manera en la cual el ego-sueño experimenta y se comporta en el
trabajo analítico. En ese estudio yo llegué a la conclusión que la mayoría de
los procesos de cambio en el trabajo analítico tenían lugar primer a través del
ego sueño a través del cual ellos caían más fácilmente en el dominio de los
cambios conscientes. Como regla nosotros nuevamente no encontramos confirmación
para la teoría de completar el deseo ni para la teoría de la compensación en
las cualidades de la experiencia y comportamiento del ego-sueño; más bien el
ego-sueño, intenta mantener la continuidad del complejo del ego en el sueño.
Una niña de catorce años soñó que, mientras subía una escalera en un hogar de
niños, otro niño la agarraba y que ella se ponía a pelear en una pelea terrible
con el otro niño. En realidad esta niña experimentó momentos de agresión
salvaje en cuanto alguien la tocaba. Un paciente que continuamente escapa a sus
propios problemas inicialmente no será un héroe que enfrenta a su oponente sino
que se escapará en el sueño también. En una serie onírica que yo discutí en el
artículo mencionado arriba, una paciente mujer con inhibiciones morales severas
que inicialmente soñó estar en tiendas vacías donde ella no podía comprar nada
o conseguir nada debido a que otras personas la empujaban hacia adelante. Solo
n el curso de un extendido trabajo analítico ella finalmente llegó al punto que
podía soñar en comprar y conseguir lo que ella quería en la tienda. Un cambio
correspondiente en el comportamiento en su vida despierta apareció prontamente
después de tener este sueño. De la misma forma, el hombre sexualmente inhibido,
tirado en su cama cerca de su mujer de muchos años a la que no ama, en realidad
no sueña con orgías con otras chicas. Más bien, él necesita análisis extensivo
y un aflojamiento emocional correspondiente antes que los sueños aparezcan en
los que él pueda experimentar sexualidad con otras mujeres. De aquí que como
regla esto indique que un problema se vuelve consciente solo cuando el
ego-sueño lo afronta y lo integra.
Ahora me parece que la continuidad del
complejo del ego que se mantiene tanto en la vida despierta como en el sueño
ofrece una ventaja muy grande metodológicamente. En este nivel está la
posibilidad de dirigirse al paciente inicialmente en términos de los más claros
y evidentes paralelismos entre sus modos habituales de experimentar y
reaccionar. Establecer similaridades y paralelos lleva, por un lado, a que el
paciente descubra algunas cualidades familiares, y que es mucho más difícil y
mucho más laborioso establecer una relación con algo completamente desconocido
e incomprensible. Más aun, el sentimiento ego con el cual el sueño-ego está
también muy claramente catexizado facilita este proceso. Por otro lado, las
experiencias extrañas, inusuales y remarcables, los motivos y los símbolos
hacen que los procesos de liberación que nosotros deseamos en el análisis
puedan comenzar a admitir la confrontación con el material psíquico reprimido o
suprimido, o ellos permiten al ego manejar e integrar las nuevas adquisiciones
necesarias en su situación actual. Desde este punto de vista, la regla de Jung
del pulgar, que nosotros debíamos trabajar en el nivel objetivo de
interpretación antes de tomar el subjetivo (“El uso práctico del análisis de
sueños”, C.W.16) una vez más revela otro valor y significación que aquella de
meramente llegar a un acuerdo con otros significantes. Si inicialmente
consideramos las figuras (excepto el sueño-ego) y los símbolos que aparecen en
el sueño como objetos, y si nos concentramos en el sueño-ego y enfatizamos la
continuidad del complejo del ego al comienzo de la terapia analítica, entonces
le damos al paciente un grado mayor de seguridad con el cual moverse en este
mundo interior que hasta ahora ha sido tan desconocido e incomprensible. Esto
es muy importante ya que, como sabemos, prácticamente cada paciente que nos
consulta sufre de alguna debilidad del ego, y el proceso analítico siempre
tiende simultáneamente al refuerzo y a la estabilización del ego, y a estar
abierto y a la posibilidad de confrontar material inconsciente. Precisamente la
falta de estabilidad del ego es la razón por la cual nosotros rara vez
alcanzamos la colaboración genuina del paciente al trabajar sobre material
inconsciente y sobre sueños justo al comienzo de la terapia analítica. Como
norma, primero nos enfrenamos a muy distintos mecanismos de defensa y
formaciones con las que tenemos que lidiar una y otra vez en el curso de la
terapia.
Me gustaría mencionar las más frecuentes y
más comunes formas en las cuales aparecen estas defensas. Para este propósito
usaré el modelo tipológico, ya que en mi opinión abarca más cabalmente las
funciones del ego y consiguientemente las defensas. Más aún lo usaré para
mostrar como la continuidad de estas mismas funciones del ego son mantenidas en
el mundo real. Aquí me estoy refiriendo a la forma en la cual el complejo
ego-consciente se maneja con el material de sueños. A la fecha no existe una
diagnosis tipológica basada exclusivamente en el contenido de los sueños. En mi
discusión procederé inicial y principalmente de los tipos de actitudes
(introversión y extraversión) pero en conclusión comentaré brevemente sobre los
tipos de función.
En mi experiencia los sueños de los
introvertidos y su actitud hacia los sueños pueden tomar dos formas
características. Una forma es habitualmente descrita diciendo que el
introvertido vive más en un mundo de sueños que en la realidad. Ellos se mueven
en la realidad como si fuera un sistema cerrado. Tales pacientes por lo general
traen una cantidad de sueños a comienzos de la terapia y se mueven en ellos
como si estuvieran en casa. Si los amplifican o se asocian a ellos, lo hacen en
una forma muy rica, pero cualquier asociación tiene poca conexión con la
realidad externa. Es característica de los introvertidos que un sueño les
recuerde otro, y así sucesivamente. En casos extremos parece que estuvieran
envueltos en sueños como si estuvieran en un capullo y se pueden mover dentro
de él en forma muy vivaz y colorida. El paciente y el analista pueden a menudo
ser devorados en una abundancia de amplificaciones inspiradoras – pero nada
cambia, y parece como si la vida no hubiera existido fuera de los sueños. Si
esta forma de defensa es pronunciadamente evidente, las intervenciones del
analista para lograr asociaciones objetivas son inútiles. Consiguientemente con
estos pacientes dejo correr el proceso por un período de tiempo hasta que esté
más claro para ambos. Luego lo interpreto directamente para discutir con el
paciente el grado en el cual persiste de introversión regresiva en la vida
real, la magnitud de lagunas perceptuales enfrentadas al medio ambiente y el
grado en el cual los síntomas de enfermedad pueden tener que ver con este
problema.
La segunda forma de defensa introvertida
es una en la cual los sueños y las fantasías no tienen relación con el complejo
del ego y las últimas están aisladas. Estos pacientes tienen fantasías, quizás
en exceso, que pueden llevar a disturbios en su capacidad de trabajar, pero
ellos realmente no saben que están teniendo esa clase de fantasías. Ellos
parecen estar distantes o ausentes, y si uno les menciona que ellos estuvieron
fantaseando, ellos vuelven a la realidad y a menudo deben ejercer mucho
esfuerzo para recordad que ellos estuvieron teniendo fantasías, de las cuales,
como norma, solo capturan remanentes. La situación es similar en lo que
concierne a los sueños de estos pacientes. A menudo dicen que tuvieron muchos
sueños, pero que no se acuerdan de nada. Y cuando uno les pregunta por detalles
aparecen algunas pequeñas puntitas. Sin embargo los pacientes piensan que esas
puntitas son intrascendentes en el contexto de sus sueños, que ellos no pueden
recordar. Es enteramente posible que uno no obtenga sueños de estos pacientes
por un período extenso de tiempo. Si es así, la primera tarea de la terapia
analítica es clarificar como ellos han perdido contacto con la realidad con sus
fantasías. Es típico de estos pacientes que su defensa contra las fantasías no
coincide con un acto simultáneo de discriminación: más bien, ellos valoran los
sueños y las fantasías, y como cualquier introvertido están convencidos que, a
pesar de toda su buena voluntad, no pueden retenerlos.
El tipo de actitud extrovertida puede
también reaccionar a un disturbio en su relación con el inconsciente con ambos
mecanismos descritos, esto es, ser inundado con sueños o bloqueándolos. Sin
embargo, para el extrovertido estas defensas tienen una diferente cualidad. Uno
encuentra el flujo de sueños más a menudo en pacientes que tienen fuertes
componentes histéricos en su estructura psíquica, justo como Jung inicialmente
describió la extroversión en casos de histeria severa (C.W.6). En el caso
extremo el paciente puede llenar horas enteras con episodios de sueños muy
coloridos pero fragmentados, o traer varias páginas de sueños registrados desde
la sesión anterior. Pero estos sueños están como un cuerpo extraño al lado del
complejo del ego que es ocupado con cosas enteramente distintas y no
puede hacer nada con los sueños. Esta plenitud de sueños es una defensa ya que
llenan la hora analítica y no dan tiempo a enfrentar los problemas Por ejemplo,
a comienzos de un tratamiento una paciente me relató tanto material de sueños
que llenamos las primeras quince sesiones con él. Ella se dio cuenta del
carácter de esta defensa solo cuando se lo señalé; entonces los sueños
disminuyeron a una cantidad manejable.
El bloqueo entre el complejo del ego y el
sueño aparece distinto en el extrovertido que en el introvertido. El
extrovertido no se acuerda de sueños, pero está claro que no se pierde en un
mundo de fantasía que corre al lado del mundo consciente. Los extrovertidos no
dan la misma impresión que los introvertidos cuya alma ha volado como un pájaro
extraño, por pedir prestada una imagen del mundo de los pueblos primitivos. Más
bien ellos están simplemente orientados exclusivamente hacia el objeto externo.
Para estos pacientes las fantasías o sueños son un sin sentido como lo eran
para os grandes grupos de racionalistas del siglo pasado. Ya que su energía
psíquica están tan exclusivamente orientada hacia el objeto externo que ellos
no están en posición de prestar atención a sus sueños o recordarlos. Una gran
proporción de los pacientes que dicen en la sesión analítica “Yo soñé algo pero
lo olvida inmediatamente”, pertenecen a este tipo. Durante la primera fase de
su tratamiento, un paciente que he descrito en detalle en otro lado (Dieckmann
1962) trajo solo sueños de una oración, por ejemplo, “Nadando con muchas
mujeres en el agua”. Solo tomando consistentemente los motivos contenidos en
los sueños y analizando su resistencia fuimos capaces de levantar la barrera
para sus sueños, y en el posterior curso del análisis, este paciente, que era
bastante simple y con poca educación, trajo sueños de lo más impresionantes
hasta que sus síntomas disminuyeron, y sus modos de comportamiento y
experiencia cambiaron, y él se sintió mejor. Entonces el paró de soñar, o paró
de observar sus sueños.
Está bastante claro que las formas de
disturbios, en relación al inconsciente, que los tipos de actitud descritas
aquí tienen clara correspondencia con los disturbios narcisistas descritos por
Kohut (1971). Esto es obvio ya que el tipo de actitud está siempre basado en la
relación sujeto-objeto y todo disturbio profundo de esa relación sujeto-objeto
y todo disturbio profundo de esa relación ce dentro del dominio del narcisismo.
(La falta de colaboración entre las escuelas analíticas es particularmente
lamentable, considerando los muchos paralelismos entre el ideal en la
psicología analítica y las concepciones de freudianos modernos como Hartmann,
Kohut y otros). Está también claro que nosotros estamos trabajando aquí con una
inflación o alienación parcial en el sentido de Edinger (1972), y que el
corazón del disturbio descansa consiguientemente, en el domino del eje ego-self
(Neumann 1954). Esto también explica que estos disturbios entre el complejo del
ego, por un lado, y el recordar, comprender y metabolizar los sueños, por el
otro, no son de ninguna manera simples y fáciles de tratar, sino que en casos
severos a menudo continúan a través del análisis entero. El analista que pierde
la paciencia e intenta corregir la situación con “directivas de conducta”
cosecha una mala ubicación de síntomas o la terminación del análisis.
Metodológicamente todos estos disturbios
deben, por supuesto, ser tratados diferentemente. Como es habitual en el
análisis, no hay un “know how” general. Más aun estas varias formas de
disturbio en relación con e inconsciente también tienen sus propias raíces
individuales en cada caso. A pesar de que desde nuestra óptica junguiana, el
análisis no debe ser perseguido puramente hacia atrás en la niñez, el marco
general de la niñez debe ser conocido. El analista debe estar consciente porque
precisamente esta forma de defensa contra el inconsciente ha aparecido en cada
fase y como resultó ser que esta era la única defensa útil de la psiquis. Este
enfoque dentro del significado de la resistencia permite entonces que el
analista tolere por el momento el aquí y ahora y evite exponer un ego todavía
débil e inestable que no ha sido suficientemente capaz de desarrollar sus
funciones a las influencias del inconsciente. Esta en completa conformidad con
la discusión de Jung en “Psicología de la Transferencia” (C:W: 16) que un
significado de la resistencia descansa en proteger las funciones ego dañadas y
por lo tanto esa resistencia debe ser respetada. No sin buena razón es el
método Reichiano de análisis persistente de la resistencia casi nunca
mencionado en la literatura analítica contemporánea.
En lo que concierne a los tipos de
función, podemos señalar que cada uno también reacciona en forma específica y
característica al fenómeno del sueño. El espacio no permite una discusión
detallada de las características de los tipos específicos de los sueños y del
enfoque que tiene el complejo del ego al sueño cuando las tipologías
específicas son dominantes. Consiguientemente me limitaré a describir las
características típicas y predominantes de cada tipo de función.
Aparece el hecho que el tipo de
pensamiento –como el tipo de sensación- está irritado y molesto por la
estructura “irracional e ilógica” de los sueños, el o ella es único en excluir
las emociones. Como una regla el tipo de pensamiento da una descripción de la
trama en la cual elementos poco claros o irracionales que no caben son
excluidos. El analista descubre elementos, y como los sentimientos que los acompañan,
sólo cuando se pregunta por ellos en el transcurso de la hora.
De la misma manera los tipos sensación a
menudo omiten elementos poco claros o elementos irracionales de sueño que no
caben dentro del contexto del sueño. Por contraste, sus descripciones de sueños
son distinguidas por relatos extensivos y diferenciados de impresiones de
sentimiento y sensoriales. Como un ejemplo extremo, yo tuve una paciente mujer
cuya descripción de su encuentro con otra persona en un sueño llevó más de dos
páginas y se perdía dentro de los varios detallados matices de significado una
y otra vez.
Por otro lado, la fascinación de los
intuitivos con lo inusual o lo indefinido resalta. Sin tener en cuenta si ellos
tienen sueños más imaginativos o más mundanos, ellos son impresionados por que
aparece como nuevo, desconocido o inusual; la dificultad aquí descansa en
trabajar estos elementos con ellos. Es cierto que algo enteramente nuevo
aparecerá en el siguiente sueño, y si aparece que no es algo nuevo después de todo
sino el mismo problema en símbolos diferentes, ellos usualmente responden
retirando su interés. En contraste a los tipos más racionales, uno rara vez oye
algo de estos pacientes, al menos en las fases tempranas de tratamiento, la
queja es que el proceso analítico procede demasiado a saltos y a rebotes, que
demasiados temas diversos aparecen sueños, y que ningún problema es
adecuadamente soñado o trabajado hasta el final.
Correspondiendo a su tipología, los tipos
sensación presentan el material factual de sus sueños. Sobre la base de mis
observaciones, el sensación extrovertido típicamente relaciona sueños en los
cuales los acontecimientos externos del día son repetidos, enteramente tan
realísticamente como tuvieron lugar. El analista puede hacer algo con este
material solo si él o ella puede movilizar el tipo sensación para reflejar
porque el inconsciente sacó precisamente este acontecimiento y no otro; aquí
los problemas subyacentes están usualmente muy camuflados. Cuanto más introvertido
sea un paciente, lo más mágico o mitológico puede convertirse los sueños; aquí,
también el valor es colocado en la descripción detallada de objetos, personas o
símbolos. Así el analista puede encontrar relatado muy precisamente por parte
del paciente cuál vestimenta, por ejemplo, una cierta persona, como puede ser
un mago, estaba usando en el sueño pero no obtenemos casi ni una palabra sobre
el efecto de esta figura sobre el ego del soñante.
Todas estas caracterizaciones son
verdaderas en forma “pura” solo en casos extremos. Como en la vida despierta,
todas las cuatro funciones toman parte en cada experiencia de sueño, y las
funciones auxiliares en particular participan en describir el sueño en el marco
analítico. La imagen tipológica aparece solo en una cierta ubicación del
énfasis y es especialmente distinta solo en la medida que otras funciones no
hayan comenzado a desarrollarse junto con la función principal en el proceso
analítico.
Como ya fue discutido más arriba, el
complejo del ego debe ser obviamente considerado como uno de los puntos más
estables del sueño. Esto es también necesario ya que un tipo distinto de
experiencia debe ser registrado y trabajado. En la medida en que algo sea
experimentado, el transportador de la experiencia debe ser el mismo ego (E,
Kubac, citado en Siebenthal 1953) también no ve cambio en la unidad del ego del
despertar al dormir sino más bien en la relación con el ego; la unidad de la
personalidad, o como Siebenthal la describe “uno y el mismo ego idéntico se experimenta
a sí mismo a través de la relación con otros hechos psíquicos, pero debido al
aflojamiento de las relaciones (disociación, aflojamiento) en el sueño
simplemente experimenta las cosas de diferente manera (1953, p. 290). Ahora
dentro del proceso analítico un aflojamiento directo de las estructuras ego
tiene lugar bajo la protección de la constelación de la transferencia y la
contratransferencia. El complejo del ego puede rechazar mecanismos de defensa y
más ampliamente desarrollar solo aquellas funciones dañadas y constreñidas en
la neurosis, puede superar estructuras de control y organizacionales, y puede
rendir límites del ego y admitir nuevos contenidos experienciales. Esto
corresponde al desarrollo paralelo de la consciencia egoica y de la consciencia
en el sueño, y a la observación de que la consciencia y el ego están
íntimamente unidos (de Sanctis 1896, citado en Siebenthal 1953, p. 289).
Consiguientemente esto crea, en mi
opinión, una demanda metodológica para que un mayor énfasis se coloque en el
ego soñante cuando se interprete y se trabaje a través de sueños y que el ego
soñante sea colocado en el centro del proceso de desarrollo y maduración de la
individuación. Lo que el ego no puede hacer en el sueño, no puede hacerlo en la
vida despierta, y en la medida en que debe volar frente a ciertos contenidos
experienciales en el sueño, el paciente se sentirá sobreimpuesto si uno demanda
que estas experiencias sean integradas. Una paciente mujer con disturbios
severos en el área de la relación heterosexual soñó durante el primer período
de su análisis casi exclusivamente de hombres que la habían perseguido y
violado y contra los cuales ella estaba indefensa. Esto correspondió a la
intrusión inicial del uroboros patriarcal dentro de la unión dual de madre e
hija (Neumann 1953b). Solo en la medida en que aparecían sueños en los cuales
estas figuras masculinas se volvían menos brutales, en los que había figuras
que ella se atrevió a entrar en relaciones con hombres en su vida despierta.
Hasta este punto ella había erigido un muro de defensa contra todo hombre, un
muro que no podía ser roto.
Lo mismo es valedero para la integración
de contenidos de sentimiento. Un hombre de negocios de cuarenta años, quien
llevaba la vida de un gerente muy ocupado soñaba: “Estoy en la casa de Liv
Ulmann (Escenas de la vida conyugal). Tengo una relación muy afectiva, tierna
con ella. Me lleva a su dormitorio. Le pregunto dónde está su marido (en el
sueño, él es Hans Albers). Ella dice que está en camino y que está enojada
porque él no fue capaz de comprar un tiquete para el teatro. Usualmente él se
emborracha cuando ocurre esto. Yo estaba preocupado que él pudiera volver. La
persuadí de irse y buscar un lugar más tranquilo”. La mujer de sus sueños
iniciales siempre había sido solo sexualmente seductora, figuras anónimas con
las cuales él saltaba inmediatamente sobre la cama sin mucho para hacer. En ese
sueño, el encuentra una figura del anima por primera vez que representa
confrontación interior e individuación para él. Por contraste su sombra con la
que él ha sido muy inflado, el actor impulsivo y primitivamente sentimental
Hans Albers (Hopla, Da Komm Ich) ha sido separado de este ego soñante y él
busca evitarlo. El sueño también puede posponer un impulso sexual en el sueño
en una decisión ego-sintónica, lo que es un logro completamente nuevo para él,
y buscar un lugar más tranquilo. Siguiendo este sueño, él comenzó a ser
abordable en términos de relativizar su paso apurado y desarrollar más
sentimientos, inicialmente en oasis aislados.
La observación de una serie de sueños es,
por supuesto, la precondición para trabajar metodológicamente a través de estas
suertes de cambio en el complejo del ego. En un análisis con un analista muy
ocupado, esto no es tan simple. Sería exigir demasiado preguntarle a un
analista que recuerde todos los sueños del paciente. Pero hay ciertas señales
que le dicen al analistas de no descuidar aquellos sueños que indican cambios
claros en los modos de comportamiento y experiencia del ego-soñante. Por un
lado, el soñador a menudo lo nota y experimenta esta suerte de sueños como
teniendo una significación diferente, como importante, persistente, etc., aun
si no se maneja directamente con material arquetípico. Segundo, los analistas
deberían entrenarse a sí mismos para prestar atención a estos procesos. Con la
suficiente atención uno se lleva una impresión de los diseños típicos del ego
soñante bastante rápido, justo como lo que hacemos para el ego consciente, y
los cambios en estos diseños, aun en un pequeño grado, comienzan a ser
avizorados. Metodológicamente también ayuda enfatizar estos pasajes llevando la
atención del paciente a ellos, preguntando directamente si él o ella nunca
antes han soñado de esta manera. Más aun, si el analista no toma notas en la
hora analítica, él o ella deberían al menos anotar los sueños de forma que
estos cambios puedan ser chequeados.
Mi tarea realmente es la de comentar
brevemente el problema de la interpretación a nivel subjetivo que aparentemente
es descuidado en esta suerte de procedimiento. En años recientes la terapia
Gestalt (Pearls 1974) ha tomado el trabajo a nivel subjetivo con intensidad
particular. Los pacientes son desafiados a entrar dentro de la experiencia de
otras figuras que aparecen en el sueño, por ejemplo otros significantes o aun
animales, y al hacerlo tan a menudo tienen buen éxito al ganar otras
posibilidades para comprender y experimentar. A menudo el paciente es muy
impresionado por esto, pero también debe ser mencionado que muchos junguianos
lo estaban haciendo mucho antes del advenimiento de la terapia Gestalt. En mi
experiencia con pacientes que han hecho la terapia Gestalt antes o durante el
análisis, el efecto producido es, sin embargo, sólo transitorio.
Particularmente cuando las neurosis son importantes, el ego rápidamente
recupera sus viejos límites y el método no lo exime a uno de tener que trabajar
a través del significado del simbolismo onírico a todos los niveles.
Por otro lado, el énfasis en el nivel
subjetivo de interpretación en el proceso terapéutico siempre me parece de
significación cuando es una cuestión de las fases de reconexión con el Self y
el establecimiento de la totalidad original en el sentido de los “ciclos de
vida psíquica” de Edinger 81972). Esto trae un reforzamiento de las funciones
ego que hacen posible abandonar sistemas defensivos, rendirse, hacer los límites
de uno permeables, y experimentar la conexión del uno con el Self. En mi
opinión, metodológicamente esto agrega una faceta adicional a la interpretación
de nivel subjetivo y a la imaginación activa de contenidos oníricos en
contraste con la vieja regla de que al nivel subjetivo uno solo debe acercarse
cuando la interpretación del nivel objetivo ha sido finalizada.
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