Sobre el origen de este Blog

Este blog tiene un hermano gemelo, Mitos Latinoamérica, que tiene una gran acogida (2'050.000 visitas). Hay semejanzas entre los dos blogs, pues ambos narran productos psíquicos. Pero la diferencia es que en aquel, yo lo alimento periódicamente con mitos de América Latina, mientras que en este blog, son los lectores mismos los que lo alimentan, al contar sus mitos personales, que son los sueños.

Así que este blog vivirá de la caridad pública, de las “donaciones” ANÓNIMAS de sueños que hagan los visitantes. Aunque son aportes de gran riqueza, no representan un valor económico sino simbólico. Este blog busca constituirse en el cajero automático de un gran Banco de Sueños, en el que cualquier lector pueda consignar sus sueños para compartirlos con los demás. Cada noche nuestra mente produce cantidades de sueños que en su enorme mayoría se olvidan y se pierden para siempre. Así que deseamos crear este espacio en el que la gente pueda compartir este hermoso material.

Acá no intentaré interpretarlos porque para hacerlo se requieren las asociaciones de los soñantes, algo imposible en un espacio como este. Pero como soñante y como terapeuta que analiza sueños en mi consulta particular, tengo la convicción de que debemos evitar que los sueños individuales se sigan extraviando noche tras noche para siempre.

Mi aporte será: 1) publicar en la columna derecha una selección de artículos que hablen sobre los sueños. 2) Clasificar los sueños en categorías, según los temas que traten. 3) Corregir la ortografía; sé que los sueños no tienen ortografía y que lo que hago es una intromisión, pero tengo una tara profesional de docente que me hace imposible publicar algo con errores ortográficos.

Así que demos comienzo a las donaciones de sueños. Pueden donarlos enviando sus sueños al correo adejungcol@gmail.com, y yo los transcribiré como Entrada al Blog.

Un saludo cordial,

Juan Carlos Alonso

Editor del Blog


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miércoles, 12 de febrero de 2014

Sueño, danza, ritual: el cine de Maya Deren.

Maya Deren, pionera del cine experimental en EE UU, cineasta apasionada, teórica de la imagen y mujer por delante de su época.


Por IRENE G. RUBIO
Tomado del Diagonal Web. Dic 2006.

Maya Deren protagoniza muchas de sus películas, poniendo su cuerpo en escena. Artista de las que se implican y viven para su obra, el breve pero determinante paso de Maya Deren por el cine es apenas conocido, reducido apenas a icono fashion al que se priva de todo su potencial teórico y artístico. Su bella y enigmática imagen, que aparece en muchos de sus filmes, no nos debe impedir ver que tras ella se oculta una artista con muchas facetas -directora, poeta, coreógrafa, teórica… 

Nacida en 1917 en Kiev (Ucrania) como Eleanora Derenkovsky. Su familia, de origen judío, tuvo que emigrar en 1922 a EE UU, huyendo del antisemitismo. Se establecen en Nueva York y americanizan su nombre, dejándolo en Deren. Tras su paso por la universidad, donde se licencia en literatura inglesa y participa en círculos trotskistas, Deren ejerce de asistente para la coreógrafa Katherine Dunham, pionera de la música negra. El trabajo en la compañía de Dunham le permite profundizar en la danza, una de sus grandes pasiones, y viajar a lo largo de EE UU. 

En uno de esos viajes, en Los Ángeles, conoce a Alexander Shasha Hammid, checo, exiliado y cineasta. Con él aprende los rudimentos del cine, que según confesaría más tarde, le permitió recrear las imágenes poéticas que imaginaba y que no conseguía expresar con palabras. Con Hammid firma la que es su obra más conocida, Meshes of the afternoon (1943), una película experimental de corta duración protagonizada por ella que pone en escena una visión de pesadilla. En este filme mudo, la protagonista se desdobla una y otra vez, el espacio se vuelve flexible y maleable y el tiempo circular, condenando a sus personajes, dos amantes cuyos temores y deseos se proyectan, a la repetición.

1943 fue un año importante para Deren: además de filmar Meshes, se casó con Shasha (su segundo marido, ya que tuvo un breve matrimonio entre 1935-38) y se cambió el nombre por el de Maya, un término con varios significados mitológicos (es el nombre de la madre de Buda, pero también significa ‘agua’ y en hindú, ‘el velo de la ilusión’ que nos impide ver la realidad). A partir de ahí Deren no para de filmar, y realiza At land (1944), una crítica de los rituales sociales que también protagoniza; A Study in Choreography for the Camera (1945), hecha en colaboración con el bailarín Talley Beattey; Ritual In Transfigured Time (1946), otra mirada a los rituales sociales; y Meditation on Violence (1948), en la que la cámara sostenida por Deren se entrega a un diálogo cuerpo a cuerpo con el bailarín Chao li Chi.

Es entonces cuando Deren comienza a elaborar su teoría del cine, plasmada en artículos como An Anagram of Ideas on Art, Form and Film y El cinematógrafo como forma artística, en los que enfatiza la necesidad de desarrollar el cine como arte, dotándole de un idioma formal propio e independiente. Una tarea que ella misma emprendió al explorar el tiempo cinematográfico, rasgo distintivo de sus filmes que ella relacionaba con su condición femenina, con la percepción del tiempo que tienen las mujeres, marcadas por su género.

Rituales en Haití. Durante esos años se dedica a mostrar sus filmes (en unas proyecciones llamadas ‘Tres filmes abandonados’, una alusión a Paul Valéry, para quien una obra de arte nunca se acaba, simplemente se abandona) y a dar conferencias sobre su visión del cine. En 1947 es la primera mujer en ganar el Gran Premio Internacional de Cine Experimental del Festival de Cannes. Ese mismo año se divorcia de Hammid y recibe una beca de la fundación Guggenheim para investigar el ritual del vudú en Haití, a donde viajó en numerosas ocasiones entre 1947 y 1954.

Fruto de ello son miles de metros de película dedicados a registrar rituales (en los que sorprende la intimidad que consigue con los participantes), grabaciones de los cánticos, y Divine Horsemen: the living gods of Haiti (1952), un documentado estudio sobre el ritual del vudú. Cineasta pasional y no distanciada, Deren se implicó tanto que llegó a participar en las ceremonias; de hecho, en uno de sus viajes a Haití fue iniciada como sacerdotisa vudú. En sus viajes le acompaña su nueva pareja, el músico Teiji Ito, 18 años más joven, que compuso la banda sonora de Meshes y que, en 1985, reconstruyó las filmaciones de Deren sobre Haití y terminó de dar forma a esa película inacabada, titulada también Divine horsemen.

Siempre crítica con Hollywood, a finales de los años ‘50 Deren fue una de las creadoras de la Creative Film Foundation, dedicada a premiar el trabajo de cineastas independientes. Según escribe Wendy Hashlem en la revista Senses of cinema, las proyecciones independientes de Deren inspiraron la creación de Cinema 16 de Amos Vogel, una filmoteca que promovía y exhibía filmes experimentales, y de la primera cooperativa de cineastas de Nueva York.

Los siguientes no fueron años fáciles para Ito y Deren: eran muy pobres y tuvieron muchos problemas para conseguir terminar la que sería su última película, The very eye of the night, hecha con la colaboración del Metropolitan Opera Ballet School: aunque se terminó en 1955, no se proyectó en EE UU hasta 1959 por problemas con su productor. Ésta sería su película más incomprendida, una obra en la que bailarines al estilo de los dioses griegos danzan sobre un fondo de estrellas.

Poco a poco, la salud de Deren se fue deteriorando, y la muerte le alcanzó con tan sólo 44 años, el 13 de octubre de 1961. Hay muchos rumores sobre su muerte (la versión más llamativa es la difundida por su amigo y también cineasta Stan Brackage, que sostiene que su muerte fue un castigo por su íntima implicación con el ritual del vudú), pero lo cierto es que Deren sucumbió a una mezcla de desnutrición y abuso de anfetaminas, que tomaba por prescripción médica. Sus cenizas fueron esparcidas por el monte Fuji, en Japón.

Filmografía:
Meshes of the Afternoon (1943) con Alexander Hammid, música de Teiji Ito añadida en 1959
At Land (1944) fotografía de Hella Heyman y Alexander Hammid
A Study in Choreography for Camera (1945) con Talley Beatty
Ritual in Transfigured Time (1946) colaboración coreográfica con Frank Westbrook y Rita Christiani
The Private Life of a Cat (1947) codirigida con Alexander Hammid
Meditation on Violence (1948)
The Very Eye of Night (1952-55)
Divine Horsemen: The living Gods of Haiti (1985)

Acá ofrecemos Meshes of the Afternoon (con Alexander Hammid)


lunes, 10 de febrero de 2014

Mi prueba ante una cámara de TV

Pais: Colombia

Sexo: Masculino

Sueño:

Llego a un lugar feo y pobre. Es como si allí fuera yo a hacer una prueba. No se por qué la voy a hacer. No parece que lo económico sea la motivación. Hay una pequeña alberca, administrada por hombres en ese lugar y sé que en el fondo hay un cuadrado de cemento. Mi prueba consiste en descender hasta ese lugar y la gente verá mi logro por una cámara de TV.  Hay poca gente que me rodea y que me va a ver. Creo que son todos hombres. Sin embargo, siento la necesidad de hacer la prueba. Me siento sobre la alberca y me quito la camisa. Me doy cuenta que tengo que quitarme los lentes de contacto para sumergirme. Me los quito y veo que son de diferente color, uno como rojo y el otro como azul. No se donde dejarlos mientras me sumerja. Veo un pequeño libro y pienso en meterlos allí. Es un cancionero mexicano viejo pero cuidado y con notas en una letra bonita. Creo que es de alguien del lugar. Pero luego pienso que correran peligro allí, así que decido meterlos en un bolsillo de mi camisa. Antes de meterme en el agua paso por una pequeña ventanilla como de la administración del lugar, y veo una diminuta TV que el hombre de la caja mira. Es un programa de concursos en que se muestran números como de 6 cifras a gran velocidad para que los televidentes traten de leer y recordar alguno. Me grabo uno en la memoria y veo que como hay poca gente en ese lugar hay posibilidades de ganar. Le pido al hombre de la cabina una hoja para anotar el número, pero lo que me da son unos pequeños objetos rojos, que descubro luego que son chiles picantes. Yo tomo uno pero lo boto con disimilo, sin comerlo.

Citas sobre sueños

-   “Yo soñé que soñaba. Y soñé que despertaba del segundo sueño, del sueño soñado y decía: "Ah, fue un sueño", y creía estar despierto. Quizá la vida sea eso, un sueño metido dentro de otro. Quizá la vida sea el tercer sueño concéntrico del que uno despierta cuando se muere.”
     Marco Denevi

-   "El mayor poeta de la época moderna será el que tenga más capacidad de sueño."
     Fernando Pessoa

-   “Dónde van las cosas del sueño?
Se van al sueño de otros?”
     Pablo Neruda

-   “Creo que todo sueño que se repite tiene algo de misterioso, pues nos hace percatarnos de que el inconsciente está cavando obsesivamente para desenterrar un objeto que se niega a salir.”
     Stephen King

-   “¿Y no será qué un sueño es un montón de pensamientos sueltos?”
     Luis María Pescetti

-   Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños.
     William Shakespeare

-   Yo he vivido porque he soñado mucho.
     Amado Nervo

-   En el sueño se revela el problema vital de un individuo en forma simbólica.
     Alfred Adler

-   La vida es mucho más pequeña que los sueños.
     Rosa Montero

-   El sueño es un arte poético involuntario.
     Emmanuel Kant

-   Soñar es la actividad estética más antigua.
     Jorge Luis Borges

-   Mi placer de crear era ilimitado. El talento productivo no me abandonó ni un instante durante algunos años; lo que se me ocurría durante el día y en estado de vela, se iba a menudo elaborando de noche, en ordenados sueños.
     Goethe

-   Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco.
     Sigmund Freud

-   La interpretación del sueño es la vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente.
     Sigmund Freud

-   Confiad en los sueños porque en ellos se esconde la puerta de la eternidad.
     K. Gibrán

-   Somos un poco más nosotros mismos durante el sueño.
     Thomas Browne

-   El sueño no es más que una muerte breve; y la muerte sólo un sueño prolongado.
     Philip Fletcher

-   Un hombre que no se alimenta de sus sueños, envejece pronto.
     W. Shakespeare

domingo, 9 de febrero de 2014

Los insólitos sueños de Graham Greene

El gran narrador ingles tuvo durante años la costumbre de anotar sus sueños. Poco antes de morir, hizo una selección de relatos oníricos que no tocan su vida privada pero que despliegan una asombrosa cantidad de celebres personajes de la literatura y la política, que lo visitaron de noche. Este artículo fue tomado del diario Clarín, de Argentina.


GRAHAM GREENE

Difícilmente se me pueda procesar por revelar secretos de Estado en incidentes relacionados con los servicios secretos. He hablado con Kruschev en una cena; he sido enviado por el servicio secreto a asesinar a Goebbels. No miento, pero ninguno de los testigos que compartió conmigo estas escenas puede, a partir de su conocimiento personal de los hechos, acusarme de mentir.

He escogido, entre las ochocientas páginas del diario que llevé de 1965 hasta 1989, ciertas escenas selectas de Mi Mundo Propio. Es en algún sentido una autobiografía, comenzando en la felicidad y terminando en la muerte, de la vida algo extravagante que he llevado durante el último tercio de este siglo (las guerras descriptas corresponden a los años sesenta, no a los cuarenta), pero ningún biógrafo querría usarla, a pesar de que por pura satisfacción personal a veces incluyo la fecha exacta en que algún hecho o encuentro inusuales tuvieron lugar.

Es por ello que mi intención originaria fue comenzar con el inesperado encuentro que tuve con Henry James en un barco fluvial en Bolivia durante la primavera de 1988. Pero debí alterar mis planes cuando en enero de 1989 experimenté, por primera vez en los veinte años en que llevo un registro sobre Mi Mundo Propio, la felicidad. Los grandes nombres son legión en este mundo mío, pero de la verdadera, inexplicable felicidad, sólo he registrado esta experiencia.

Los sueños del conde Siruela

¿Qué significa soñar? El escritor, diseñador gráfico y editor español Jacobo Siruela, después de muchos años de investigación, aporta un inventario de significados desde las perspectivas de la historia, lo sagrado, las dimensiones de la conciencia, las paradojas del tiempo o el enigma de la muerte. Su obra “El mundo bajo los párpados” constituye un reto intelectual para responder a una inquietud formulada por el propio autor. La historia de los sueños nunca ha sido escrita. Él terminó por cumplir esa tarea.

El siguiente artículo fue tomado del diario El Espectador, escrito por Jorge Cardona Alzate, el día 9 de febrero de 2014, sobre el conde Siruela, de paso por Bogotá luego de haber
participado en el “Hay Festival de Cartagena”,
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La tercera parte de la vida transcurre entre sueños, pero pocos se asoman a su legado y su saber. El escritor, editor y diseñador gráfico español Jacobo Siruela lo hizo y su obra, El mundo bajo los párpados, representa la saga no contada de los dormidos y sus fantasías, inmersa en el contexto sociocultural de los despiertos. La historia de los sueños que no estaba escrita con sus metáforas y secuencias, y ahora cuenta con personajes legendarios que también se hicieron célebres mientras soñaban.


El general cartaginés Aníbal, quien, en su guerra con Roma en el año 219 a. de C, sintió que Júpiter lo ayudaba después de tomar Sagunto. El joven Oliver Cromwell, quien se pensó rey de Inglaterra y terminó azotado por contarlo, pero 40 años después hizo rodar la cabeza de Carlos I Estuardo y tomó el cetro. O los sueños que el pensador francés René Descartes tuvo en Neuburg, al suroeste de Alemania, que siempre pensó enviados por Dios para encontrar la clave de su búsqueda filosófica.

El diario de utopías personales del escritor inglés Graham Greene, recopilado durante 25 años, que luego seleccionó y editó en un libro que hoy puede leerse como la autobiografía de un narrador que vivió intrigado por la intimidad de sus sueños. Una documentada síntesis del mundo desde la perspectiva de los artífices del universo inconsciente, que confirma lo dicho por el epistemólogo francés Gaston Bachelard: “El espacio del sueño es todo menos quietud, cualquier cosa menos reposo”.

“Es que olvidamos nuestra segunda vida y hay que escuchar los sueños. A veces el yo oculto termina sabiendo mucho más que el yo exterior”, expresa el autor de paso por Bogotá, en la antesala de su regreso a España, luego de participar en el “Hay Festival de Cartagena”, donde ofreció una conferencia sobre los espacios editoriales para la ficción y la creación contemporánea. Una pausa para hablar de su libro, de su editorial Atalanta, de la poética de los sueños y el cambio de paradigmas.

Su evolución es igual de atrayente. Nacido en 1954, Jacobo Fitz-James Stuard Martínez de Irujo, conde de Siruela, de la casa de Alba, como en verdad se llama, es el tercer hijo de una familia crecida entre genealogías y palacios, que a los 20 años dejó la carrera de filosofía y se marchó a Londres. Cuando regresó, ya inmerso en la intelectualidad, entró en contacto con estudiosos de la literatura medieval y llegó a sus manos una novela anónima del siglo XII sobre la muerte del rey Arturo.

Fascinado por su contenido la reeditó con lujo. La novela se agotó y ese fue el origen de la idea que cobró forma hasta 1982: su editorial Siruela, que encontró en el patrimonio medieval y el ciclo artúrico suficiente inventario para sus colecciones. Entonces ocurrió otro suceso crucial para su vida. Durante un curso de literatura fantástica en Sevilla (España) en 1983 conoció al escritor argentino Jorge Luis Borges. Ese mismo año editó su Biblioteca de Babel y, además, del éxito le quedó un maestro.

En adelante, su catálogo de títulos y sobre todo su colección de literatura fantástica lo convirtieron en editor reconocido. Pero un día de 2000, como lo admitió después, cuando entendió que ya no podía leer a sus anchas, optó por vender su sello. Con su esposa filóloga y periodista Inka Martí adquirió una hermosa casa de campo en el alto Ampurdán, en la provincia de Gerona, constituyó un taller artesanal y un jardín de rosas blancas, rosas y rojas, y recobró su tiempo para soñar de nuevo.

En ese paraje idóneo para su condición de “liberto acomodado”, inspirado en el mito griego de su heroína predilecta, en 2005 le dio vida a su editorial Atalanta. Desde entonces van 80 títulos que nadie duda en reconocer como selectos para releer y conservar La tradición oculta del alma, de Patrick Harpur; La historia de Genji, de Murasaki Shikibu, o El erudito de las carcajadas, de Jin Ping Mei, libros rescatados de los anaqueles perdidos del pensamiento ilustrado.

No todo le interesa y sus tres líneas son claras. Ars Brevis, para exaltar la narrativa breve del cuento y sus afines; Memoria Mundi, porque cree que la base de la conciencia y la cultura reside en el poder de la memoria, y la colección Imaginatio Vera, donde la espiritualidad antigua, la mitología clásica y la verdadera metafísica aportan a la verdad. Ya no requiere una empresa con muchas oficinas, sino una sumatoria de pocos talentos al servicio de la imaginación y de la estética.

De esa visión ecléctica en la que la física cuántica es tan esencial como la curiosidad, surgió su obra El mundo bajo los párpados, en la que son protagonistas los sueños o quienes dedicaron su vida a explorar en los recónditos caminos del onirismo. Como Gerolamo Cardano, un prestante médico, matemático y astrólogo, contemporáneo de Leonardo da Vinci, que además de psíquico y observador de la naturaleza, interpretaba en los sueños lo que iba a suceder.

Jacobo Siruela recalca que en aquellos tiempos renacentistas, como en los días antiguos, la gente confiaba en el asombro, pero “las nuevas corrientes intelectuales del Siglo de las Luces derogaron el antiguo prestigio del que habían disfrutado los sueños proféticos”. Desde entonces, la Ilustración los clasificó como “inútiles reminiscencias supersticiosas del oscurantismo de las épocas premodernas”. En otras palabras, el progreso los borró del mundo civilizado.

Sin embargo, en el siglo XX, con su texto clásico La interpretación de los sueños, el creador del psicoanálisis Sigmund Freud terminó recobrando su importancia humana como una relación alucinante de deseos o una vía privilegiada de acceso al inconsciente. El autor prefiere ahondar más en los trabajos del psicólogo suizo Carl Gustav Jung, quien nunca negó sus experiencias con el mundo onírico, tanto propio como ajeno. Según se calcula, interpretó más de 80.000.

Aunque el imperio de la razón o de la mente fue archivando la observación de los sueños, Jung comprobó que todas las crisis humanas despliegan de forma paralela “una historia subterránea cuyo drama se desarrolla en lo inconsciente”. Jacobo Siruela añade convencido de la eficacia de estos símbolos oníricos: “Lo que sucede es que la tendencia en la actualidad de cientifismo absoluto es a reprobar lo que se desconoce y por eso se confunde superstición con iluminación”.

Es cuestión de creer en lo que se prueba o se ve, pero también de no negarse a auscultar otros paradigmas. Como lo hizo el ingeniero aeronáutico irlandés John William Dunne, quien además de su credibilidad como diseñador de aviones y científico de la aerodinámica en la primera mitad del siglo XX, fue un notable parapsicólogo que concluyó evaluando los sueños como “procesos oníricos que mezclan lo sublime con lo instintivo, lo significativo con lo absurdo”.

En palabras del autor de El mundo bajo los párpados, la conclusión de Dunne es que “mucha parte de lo que soñamos no versa sobre circunstancias del pasado, como afirma el psicoanálisis, sino sobre acontecimientos del futuro. Si no reparamos en ello es debido a lo frágil que resulta nuestra memoria”. Sus observaciones dejaron un ingenioso material de estudio sobre las dimensiones del tiempo, incluso retomado por investigadores en el complejo mundo matemático.

Finalmente, el escritor aborda un tema extremo: la forma como se parecen los durmientes y los muertos. Desde el siglo XV, Leonardo da Vinci lo escribió en su cuaderno de notas: “¿Qué es el sueño?” Luego se contestó sin equívocos: “Es la imagen de la muerte”. El autor explora en la mitología clásica, en los caminos del arte o en la propia ciencia, y apela a un antiguo poema gnómico para decir que “el sueño es un ejercicio preparatorio para conocer lo que nos espera tras la muerte”.

En la línea de los trabajos desarrollados por el científico y teólogo sueco Emanuel Swedenborg, a partir de 1750, el estudio de la dualidad entre sueño y muerte pasa por la cultura del antiguo Egipto o la magna Grecia, pero existe un capítulo particular que no puede ser ignorado. Las enseñanzas del Bardo Thodol, un antiguo texto tibetano recitado por los lamas durante los 49 días que seguían a la expiación de una persona difunta. Una especie de instrucción para el más allá.

Jacobo Siruela no entra en disquisiciones ni rechazos sobre los estados intermedios que sugiere el Bardo Thodol, ni tampoco descalifica la mística islámica u otras cosmogonías. Más bien, en el contexto del mito de los dioses gemelos del sueño (Hipno) y de la muerte (Tánato), concluye su propia hipótesis: “Gemelo de la muerte, el sueño sería entonces esa huidiza morada plutónica en la que entramos cada noche, inocentes como niños, al cerrar tranquilamente los párpados”.

Por ahora, regresa a su refugio taller en Gerona (España), dispuesto a seguir preparando, revisando y elaborando cada libro de su editorial Atalanta, convencido de que lo más interesante y democrático que le ha sucedido al mundo en los últimos tiempos es la internet, que hoy permite recorrer libremente los caminos del conocimiento, y aferrado a sus sueños sin línea recta en los que sólo tiene una certeza: “Alejarse de la naturaleza es irse poco a poco de la belleza”.

jueves, 6 de febrero de 2014

Persecución en un rascacielos

País: Colombia

Sexo: Femenino

Sueño:

Una superficie plana y amplia se expande frente a mí, en la primera fase veo una serie de carros transitar a toda velocidad, en medio de árboles, jardines y zonas verdes. Sin embargo, no es infinito el espacio donde me movilizo pues todo está enmarcado en esta superficie que mencioné anteriormente y cuyo límite es el vacío.
Estoy en el último piso de un rascacielos sin poder escapar,  voy siendo perseguida por algunas personas que se desfiguran y no reconozco, pero al parecer me quieren hacer daño o al menos tienen  la intención de asesinarme. Corro sin descanso, cada vez más agitada, intentando hallar una salida, cuando siento el peligro sobre mí, giro la cabeza. En seguida me doy cuenta de que tengo unos patines clásicos de 4 ruedas; veo que físicamente soy la campeona nacional de patinaje, a pesar de ello la gente de la que huía me encuentra y no obstante mantienen claro su objetivo de hacerme daño.
Continuo a toda velocidad patinando por toda la superficie que ahora es un parqueadero cerrado, cuyas ventanas se estiran desde el piso hasta el techo.
Al llegar a una de ellas ya puedo observar de cerca a la patinadora sin ser ella, puedo verla como un cuerpo exterior a mí, que intenta huir en defensa propia.
En ese momento yo la detengo y le hago preguntas acerca de los motivos que tiene la gente para fulminarla, aunque todo ocurre muy rápido y no hay mucho tiempo para hablar, ella me dice que para moverse y lograr lo que uno quiere es muy sencillo, hay que arriesgarse; me lanza una frase acerca de las montañas algo así como: “No importa si las montañas tienen, picos, si son curvas, altas, o bajas, lo importante es de acuerdo a sus formas, saber deslizarse y atravesarlas”.
A continuación la gente, se acerca yo salgo corriendo detrás de ella, la patinadora, se gira y comienza a deslizarse  hacia atrás diciendo que me va a dar un ejemplo: de lo que me acaba de explicar. Haciendo una curva rápida y un salto, sin mirar la ventana que está abierta justo detrás suyo, ella salta al vacío y yo grito para avisarle pero ya era demasiado tarde.      

miércoles, 5 de febrero de 2014

La leyenda del sueño y entrevista con Álvaro Barrios

La leyenda del sueño. Entrada libre, cupo limitado.
Conversación entre María Belén Sáez de Ibarra y Jaime Cerón
27 de Febrero de 2014. 5:00 pm
BOGOTÁ, Museo de Arte del Banco de la República, Auditorio
Tomado de la web del Banco de la República

Esta exposición abarca cerca de cincuenta años del trabajo de Álvaro Barrios, desde los inicios de su carrera artística a mediados de los sesenta. La curaduría ha privilegiado su faceta de instalador, así como al mundo onírico que reafirma su relación con lo desconocido, con la ruptura de la secuencia temporal, con el esoterismo, y con la coexistencia que tiene todo ello en el mundo material, percibido por el artista como un mundo que hospeda paralelamente otros mundos posibles.



Soy un médium, soy un radio
Entrevista a Álvaro Barrios por María Isabel Rueda

Álvaro Barrios (en adelante AB): Sí, soy médium. Aunque nunca he usado esta facultad para crear arte. Me parece totalmente fraudulenta la actitud de quienes afirman que el espíritu de un gran artista vino y les guió la mano para producir obras maestras. Todo eso es una farsa.
Durante un importante periodo de mi vida estuve deslumbrado con el fenómeno de las comunicaciones espiritistas, pero después comencé a reconsiderar esa ruta. Dejó de parecerme adecuado comunicarme con entidades espirituales de personas fallecidas que venían a relatarnos historias o continuar entre nosotros su labor creativa. Cuando se producen contactos con seres espirituales que tienen este perfil, generalmente se trata de sujetos de muy baja evolución que, paradójicamente, son los que causan más efectos físicos: prenden y apagan luces, mueven objetos o emiten sonidos. Inversamente a su protagonismo material, de ellos no se obtienen enseñanzas que valgan la pena.
María Isabel Rueda (en adelante MIR): ¿Cuándo descubre usted que es médium?
AB: Yo comencé utilizando la Ouija, un objeto que se vende como un juguete inocente en las tiendas por departamentos y que vi por primera vez en la tira cómica Dick Tracy. “La tablita de los espíritus”, la llamaban allí. Consiste en un rectángulo de cartón en el que está escrito un alfabeto. Cuando dos personas colocan sus dedos sobre una tarjeta que tiene una ventanilla en el centro, esta empieza a moverse sobre las letras formando frases.
Mi actitud ante este pasatiempo fue completamente desprevenida e intrascendente. Incluso pensé que mis compañeros de juego movían fraudulentamente la carta deslizable. Pero un día tuve la curiosidad de realizar el experimento a solas y los resultados fueron sorprendentes: mi mano se movía sin control formando palabras y frases. Entonces decidí hacer a un lado la tabla impresa, que había adquirido en una tienda de juegos comerciales como el monopolio o el ajedrez, y dibujé una tablita personal con oraciones cortas, preposiciones y conjunciones, que facilitaran la formación de textos o mensajes. Pronto dejé a un lado mi “tablita de los espíritus” para practicar directamente la escritura automática haciendo uso de un bolígrafo común. Sin embargo, todo esto muy pronto se convirtió en un problema, pues los contenidos de los mensajes que recibía eran absurdos y muy inquietantes. Al borde de un colapso nervioso me aconsejaron visitar a una gran espiritista de Barranquilla, Amalia Bula, una médium extraordinaria que poseía casi todas las “mediumnidades”. Para entonces, hacia 1972, ya ella tendría unos 80 años y dirigía un Centro Espírita muy respetado en todo el Caribe. Solucionó mi problema alejando de mí un espíritu de baja evolución que se había “enredado” en mi aura. El aura es un campo magnético espiritual que todos poseemos y también es un arma de doble filo. Puede ser desarrollado y encaminado hacia el bien y hacia el mal. Hacia lo trascendente o hacia lo superfluo. Puede hacernos grandes o insignificantes. Después de esto mi vida volvió a la normalidad, si es que puede aplicarse este término a la vida de un artista. En realidad, la normalidad es lo peor que puede ocurrirle a un artista. Es el castigo que la vida le impone a los mediocres. Por tanto, pronto regresé donde mi maestra, pues eso fue para mí Amalia Bula en los siguientes años. Ella me inició primordialmente en la lectura de Helena Blavatsky y en el mundo de los grandes pensadores esotéricos, así como en los Grandes Iniciados, incluidos Moisés y Jesucristo. El punto importante de mi cercanía al círculo espírita de Amalia Bula fue descubrir y direccionar mi propia facultad medioanímica, que se había manifestado primariamente en mis inicios con la “tablita de los espíritus”. 
MIR: ¿Influyó esta facultad en su obra de alguna forma, ya sea de manera inconsciente o indirecta?
AB: Creo que desde antes lo esotérico estaba presente en mi obra, incluso sin que yo lo supiera. Mi fascinación por el surrealismo y también por la obra de Marcel Duchamp tienen que ver con esto. Mis dibujos y cajas de la década de los setenta empezaron a tener esa cosa misteriosa a la que se refería Paul Elouard cuando escribió: “Hay otros mundos, pero están en este”. En esos trabajos míos había una atmósfera cósmica, una serie de códigos y mensajes de ignota procedencia, que tenían que ver con la idea del infinito, con la comunicación con otras dimensiones, de manera que siempre vi esas obras como canales o autopistas a lo desconocido. Hasta el punto que, cuando las observo después de muchos años, tengo la impresión de que han sido hechas por otra persona. En mi etapa, digamos, más formal en el espiritismo, mi relación con un Espíritu-Guía, un ente de un alto grado evolutivo, me permitió acceder a otros niveles de apreciación del hecho artístico. La figura del Espíritu-Guía aparece en otras filosofías y religiones consensuada en el símbolo del ángel personal que todos tenemos, y con el que podemos comunicarnos a partir de la primera de las facultades extrasensoriales, la intuición.
MIR: ¿Y cómo es su relación con ese Espíritu-Guía?
AB: A mediados de los años setenta, con un grupo de jóvenes amigos, formamos un Centro de Investigaciones Psíquicas. Para entonces yo ya tenía las facultades “parlante” y “escribiente”. Explorábamos iluminaciones de tipo espiritual, artístico o filosófico. Para las sesiones parlantes alguien manejaba la grabadora y se apagaban las luces para mayor concentración. Consultábamos temas específicos como la estética, la historia y teoría del arte, y asuntos de esa índole.
MIR: ¿Cómo es la comunicación? ¿Cómo se recibe esa enseñanza?
AB: En un momento dado no te das cuenta cómo, pero algo dirige tus pensamientos hacia una idea. “No tienes que despertar”, como dice García Márquez para referirse a la hipnosis que te posee en la escritura de un poema, en la creación de un cuadro o una composición musical, tú sigues hablando y hablando, como es el caso de la “mediumnidad” parlante, y vas diciendo cosas y cosas y después queda grabado. Uno no es consciente de lo que dice e incluso el lenguaje que se usa es distinto del que uno utiliza normalmente. ¡Pero uno se deja llevar!
MIR: ¿Y cómo hace uno esas consultas, y usted qué tipo de cosas le pregunta a su Espíritu-Guía?
AB: Uno hace consultas como cuando hace una oración. Así como tú me haces preguntas y yo te las respondo, uno también tiene interrogantes sobre el arte que no tiene claros, ¡y que nadie te los va a responder! Porque el arte es un misterio y tiene su sortilegio. Y entonces uno pregunta cosas como ¿por qué las obras de arte emocionan? Y eso se verbaliza si tienes la facultad medioanímica parlante. O se escribe o lo ves, si eres médium escribiente o vidente. Esta última facultad yo no la tengo, ¡aunque a mí me gustaría ser vidente!
A veces me ocurre, o a todo el mundo le ocurre, que uno tiene un poco de sueño, cabecea, y en el instante en que sucede, uno dice: “¡qué raro, vi a una mujer atravesando una calle, vestida de azul, en tan solo un segundo!”. La videncia puede ser como eso: una serie de imágenes que van encadenadas, coordinadas y tienen coherencia. No como en los sueños, donde a veces hay muchas cosas inconexas que hay que interpretar.
MIR: ¿Qué tipo de preguntas, ya no tan generales, ha hecho usted a su Espíritu-Guía respecto a su obra que le hayan influido?
AB: A mí me sirvió mucho para liberarme del estilo. Porque yo creía que era importante tener un estilo y que la gente pudiera decir: “¡ah!, este es un cuadro de Álvaro Barrios”.
Yo tenía terror de liberarme de ciertos códigos visuales que, pensaba, eran importantes en el arte, pero cuando fui orientado sobre esas inquietudes, comencé a comprender ciertas cosas que me llevaron a superarlo. Hoy en día sabemos que el estilo es un vicio más del arte moderno.
Eso fue hacia 1980, cuando yo empecé a investigar más a fondo sobre Marcel Duchamp y realicé una exposición muy heterogénea en cuanto a técnicas en la Galería Garcés Velásquez. Había fotografías mías donde yo estaba disfrazado como Rrose Sélavy, había cartas que Rrose Sélavy enviaba desde el más allá, hojas volantes, sombras, los Sueños con Marcel Duchamp, que son textos fantasiosos relacionados, ya sea con la historia o la teoría del arte, el surrealismo o simplemente con la poesía. Sobre su carácter poético solo fui consciente cuando el MoMA de Nueva York me invitó a leer cuarenta de ellos en un programa del Departamento de Educación titulado “Modern Poets”, en 2008.
Podría también decir que, aparte de las orientaciones del Espíritu-Guía, mi influencia mayor han sido las teorías del surrealismo. Yo quedé fascinado con Magritte cuando supe que su primera obra surrealista había sido el cuadro titulado El jinete perdido. Se trata de una pintura académica muy simple: un jinete cabalgando a través de un bosque. Consultado Magritte sobre por qué consideraba que esa era su primera pintura surrealista, él respondió: “Porque el jinete está perdido. Eso es algo esencial. Y ninguna obra de arte sin esencia puede llegar lejos”.
Recuerdo también que para una exposición en el Museo La Tertulia de Cali yo hice una sesión espiritista sobre la evolución que los movimientos artísticos tendrían en el tiempo. ¡En esa comunicación el Espíritu-Guía afirmaba que, con el tiempo, los movimientos artísticos serían cada vez más cortos y llegarían a confundirse con los minutos o los segundos de la vida de cada artista!
Cuando pensamos en el Renacimiento, que se extendió por más de 300 años, y por otro lado la transvanguardia italiana, que duró solo unos cuatro, y los comparamos con el presente, vemos que esta comunicación espírita de 1979 se adelantó a lo que iba a ocurrir. Hoy día ya no hay movimientos artísticos. El posmodernismo no es un movimiento artístico. Es simplemente una realidad del mundo contemporáneo.
MIR: ¿Y cuál fue la enseñanza que su guía le hizo ver acerca del estilo?
AB: Sobre todo que ya que los movimientos artísticos terminarían convirtiéndose en prácticas artísticas válidas para cada minuto de la vida de los artistas, en verdad el estilo no tiene ninguna función en el presente. ¡De verdad no importa! El de ayer era el movimiento artístico tuyo y hoy tuviste otro movimiento artístico. No importa si tu arte de ayer consistía en escribir cartas y el de hoy es espabilar o el de mañana es pintar. Comprender eso, a fines de los setenta, me quitó la carga de tener que hacer algo siempre con un estilo y empecé a traer cosas del pasado al presente, que es una actitud muy posmoderna. Aún antes de que se acuñara ese término.
MIR: ¿Puede el Espíritu-Guía acudir a usted cuando él quiera?
AB: No, yo con mi Espíritu-Guía me comunico muy formalmente pero no al azar. Mi relación con todo esto también ha madurado. He ido entendiendo y he distanciado las consultas. Ha sido como cuando uno sigue esas rutas que la vida le va indicando y ve con claridad el camino, porque está iluminado. Así pasa en la vida y en el arte. Esas claridades que te llegan de vez en cuando, que aparecen así como así, ¡en realidad son algo guiado! Cuando uno lee poemas como los de Walt Whitman, piensa que él tenía una lámpara en su interior. ¿Dónde nace esa luz? Si no lo sabemos, lo importante fue que a él le llegó y la transmitió.
La “mediumnidad” consiste también en dejarse ir, y al hacerlo, los pensamientos de uno se disuelven y le dan paso a otros pensamientos dirigidos. Entra uno en un estado de trance, ese estado en el que un médium manifiesta fenómenos paranormales. Pero el trance no es como lo muestran en las películas, con convulsiones y ese tipo de cosas. Realmente el trance es como la inspiración del artista, que no es una ninfa que llega volando con una corona de rosas y acto seguido tú haces una obra de arte. Es un momento de luz, no una ocurrencia, como en el gesto de Duchamp con su Fuente. Eso que hace casi cien años causó tanta conmoción, demostró que se trataba de algo realmente brillante. La posteridad puede decir: “eso fue un trance”, ya sea de un segundo, en el que Duchamp fue un médium que produjo esa verdadera obra de arte, que era la actitud, no el objeto en sí. Ese momento de lucidez es esa misma energía que también se ve en la vida, cuando a uno le ocurren cosas, que parecen coincidencias, pero que son inherentes al engranaje del Universo y llegan a ti, enrumbando tu vida hacia algo como en una corriente, aun si se trata de algo distinto del arte.
Muchos artistas jóvenes tienen prejuicios por ciertos términos. Piensan que no se debe decir que se está inspirado o iluminado. Incluso a la palabra musa yo no le tengo fastidio. Porque un artista es una persona especial que se prende como un foco. No es suficiente la cultura, no es suficiente la información. Tiene que haber una llama que te hace producir una cosa que no existía en el mundo y que lo mejora en alguna medida. Este es mejor después de haberse creado esa obra, incluso siendo uno joven como Rimbaud, quien recibía tanta luz que se desbordaba. 
Yo me prometí a mí mismo nunca ser viejo, y esto tiene que ver con la guía de mi espíritu, quien me dijo: “ojo con lo que estás haciendo, que te estás durmiendo. ¡No tengas miedo de hacer lo que pensaste, no tienes que quedarte en esto!”.
Eso me recuerda una frase de Oscar Wilde: “Lo único malo de la juventud es que se desperdicia en los jóvenes”. Y esta otra de Picasso, no menos cierta: “Se necesitan muchos años para ser joven”.
MIR: ¿Qué pasó cuando usted ya entendió y asimiló su facultad?
AB: Cuando ya pasaron las molestias me sucedió algo muy curioso. Me empezó a hacer falta la molestia, porque llegué a preguntarme: ¿por qué me sucedió? Qué delicia que se prendiera y se apagara la luz, o cosas así, que es lo que la gente anda buscando. ¿Que si existe lo espiritual? ¿Que si existe Dios? Y entonces fue cuando inicié el aprendizaje con mi Espíritu-Guía. Todos tenemos un Espíritu-Guía. O un Ángel, como queramos llamarlo.
Nosotros estamos en una esfera psico-física porque tenemos una dualidad de materia y espíritu. A veces nos duele la cabeza y a veces nos duele el corazón. Y hasta un vallenato clásico dice: “Yo pensé que un Mejoral iba a curarme este gran dolor, ¿pero cómo lo iba a curar, si era una pena de amor?”. Cuando aparecen esos dolores espirituales es cuando se da uno cuenta de que tiene un alma, un espíritu y de que todo es dual en nuestra esfera. Porque el alma, esotéricamente hablando, es un campo energético que permite relacionar las dos cosas: lo físico y lo espiritual. Por eso es correcto decir que tenemos cuerpo, alma y espíritu.
La creación artística es ese momento de “mediumnidad” que se da cuando lo espiritual se comunica acertadamente con lo material. El arte es el contacto más directo que yo he tenido con lo espiritual. Más que la religión, por supuesto. A mí no me avergüenza, ni tengo temor de hablar acerca de lo espiritual.
MIR: ¿No le da miedo que se le acabe esa luz?
AB: Yo pido mucho no perder esa luz. Como le pasó a Giorgio de Chirico por decidir que no quería nada de su Espíritu-Guía y que él era autosuficiente. Creyó que él era quien estaba produciendo toda esa maravilla y terminó pintando caballitos a la orilla del mar. ¡Obras francamente muy mediocres!
Yo soy un médium porque tengo la facultad medioanímica, pero también porque soy un artista. Soy un médium, soy un radio. Yo recibo una luz y la transfiero y solo trato de que la maquinaria que provee esa transferencia esté bien y agradezco poder transmitir lo que recibí.

 Bogotá, mayo de 2007